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Pepito Cibrián Campoy: «Quise adoptar y no me dejaron» . por Hernán Firpo

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 18, 2006

Hace cuatro años inició los trámites. Cuenta que, al principio, las autoridades parecían encantadas, pero luego todo se estancó. «Supongo que se impusieron ciertos prejuicios».

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Esta es una suite de hotel bien, aunque podría ser el consultorio de alguno de los terapeutas que frecuenta desde hace ¡40 años! Altura de tiranosaurius rex, un anillo por cada dedo, collares, pulseras, anteojos graciosos. Pepito Cibrián Campoy es como un ekeko traspapelado en la Botica del Angel.

«Me pongo a pensar para quién carajo será todo lo que tengo. La casa de Pilar con un montón de habitaciones, el bosque que me hice, mi mundo, algunos pesos que fui ahorrando. Ahora que hablo de esto —se pasa las manos o las joyas por la cara—, ahora que lo pienso, tendría que ir haciendo el testamento».

De la falsa pista de una vejez prematura al análisis. Y de ahí a la muerte de sus padres, al éxito de Drácula y a la frustración. Todo le queda más o menos cerca a Cibrián. «Me hubiera fascinado ser padre. Cuando yo me casé, quise. Pero duró poco, un año, no hubo tiempo. La fantasía continuó. Hace cuatro años inicié los tramites de adopción. Al principio, las autoridades que manejan esos temas parecían muy felices, Pepito qué gusto tenerlo acá, decían. Me mandaron los asistentes sociales, los psicólogos, todo parecía encaminado. ¡Iba a ser papá! Me había mudado pensando en eso, fui acondicionando la casa… No sé qué pasó. Supongo que hay ciertos prejuicios que se impusieron… Qué sé yo… Nadie contempló mi necesidad, mi deseo, de dar afecto. No me dejaron. No insisto más.

Uno es hombre en la vida, no en la cama. ¿Era así la frase?

Era así. Me lo había dicho mi papá (Pepe Cibrián) en un momento de mi vida en que tenía la necesidad de hablar de ciertas cosas. Papá me enseñó a ser libre.

Y un día te casaste con la actriz Ana María Cores. ¿Lo hiciste porque dudabas del contenido de las palabras de tu viejo?

Sí, yo creo que todo hombre tiene dudas, y yo las tenía, sí. Pero esa frase yo no la tomaba sólo en la dirección sexual: él hablaba de una actitud frente a la vida.

Usás los collares y anillos de tu mamá, supongo que como una suerte de homenaje hacia ella. Cuando murió tu papá, ¿te ponías sus corbatas, sus zapatos?

Yo soy cambalachero y barroco de chiquito. Mi abuela me hacía anillos a medida. Me divierte y da la casualidad de que a mamá le pasaba lo mismo. De mi papá no, no usaba nada. Todas sus cosas, sus gemelos, sus corbatas, las tengo guardadas de recuerdo.

Stanislavsky decía que cuidar la ropa o la imagen era amar al teatro.

A mí me encanta. Además soy de usar perfumes y me visto así cuando voy por la calle, no es una actuación para la entrevista.

Cuando murió tu mamá (Ana María Campoy) dijiste que no sabías cómo iba a seguir tu vida. Cinco meses después, ¿cómo viene resultando?

Su muerte, para mí, implica una reflexión sobre la edad y la fragilidad. Todos los sueños de lograr mi identidad y alcanzar el éxito están cumplidos. Tener éxito no es llegar a las tapas de revista, es tener la posibilidad de hacer una obra el año próximo.

Te pregunté por tu mamá y me hablás del éxito…

Sí, absolutamente. El éxito formaba parte de nuestra relación. Por suerte, mi mamá se fue viéndome exitoso.

¿Cuál es el interés artístico de hacer una vez más «Drácula» (desde enero, en el Opera), una obra que se estrenó hace 15 años largos y ya tuvo varias reposiciones?

Drácula es un mito dentro de los músicales argentinos. Volver a él es volver a un fervor de la gente que no se puede comparar con nada. Al espectáculo de Drácula

¿Fuiste hombre de un éxito y muchos fracasos?

Aprendí que, para fracasar, primero hay que triunfar. Y yo tuve de las dos cosas en términos de público. En realidad, te cuento que ésta es la historia del teatro. Yo, con
no puedo tocarle nada. La gente quiere ver aquella puesta. Es un fenómeno curioso.Drácula tuve pésimas críticas, pero a la gente no le importa eso. Un fracaso grande, lamentablemente, fue con mi madre cuando hicimos La importancia de llamarse Wilde.

Cuando un autor debe apelar al reestreno de sus obras, ¿de qué manera se planta ante el futuro?

Lo que pasa es que hubo un problema de depresión que no fue a partir de la muerte de mi madre, sino desde antes, desde que ella empezó a dejarse morir. Yo tomo 18 pastillas para estar bien. En el momento en que decidimos hacer Drácula, para mí fue un alivio. «Bárbaro», dije, «este año necesito no pensar tanto». Me vino fantástico. Yo amo profundamente a Drácula, pero vos me hablabas del futuro y yo te digo que ya escribí una obra que se estrenará en junio y va a llamarse Treinta días.

Si «Drácula» es un clásico, ¿por qué nunca, en todos estos años, la llevaron a Broadway?

¡Me lo propusieron! Pero me decían que éramos latinos, expresionistas y que había que cambiar tal cosa de tal escena… No, sinceramente, para rendir pruebas, no, no, no. Mi ego es tal que no sólo no voy a estrenos porque si no me hacen notas me sentiría como el culo, sino que no me gustaría que me digan que soy un espanto en Broadway. Además, soy feliz yendo a Rosario, Comodoro Rivadavia, Mendoza…

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