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Katty Kowaleczko: “Fui infiel y estuve a punto de perder la cabeza”

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 19, 2006


La actriz, que causó estragos en el público masculino con su sensual show en la pasada Teletón, cuenta su nefasta experiencia como infiel y revela su particular visión acerca de la intimidad y de la vida en pareja.

Katty Kowaleczko enfrenta de una forma muy particular los piropos que le lanzan en la calle. Según cuenta, a penas un hombre la engalana con frases bellas, se detiene, se da vuelta y se lo agradece. “Claro que se chupan enteros, es que normalmente te enseñan a andar con cara de paco en la calle”, comenta entre risas.

Así de directa es esta actriz de voz dulce, pero seductora, que en las últimas semanas ha sido lejos una de las más solicitadas a la hora de las entrevistas e invitaciones a programas. Y todo por su sensual performance en la pasada Teletón.

Y es en esta conversación que una de las representantes más guapas de las mujeres cuarentonas de nuestro país confiesa sus debilidades, su visión poco convencional de la vida en pareja y de lo mal que la pasó cuando tenía tan solo 18 años y se incluía en la lista de mujeres agredidas en Chile.

“SER MONÓGAMO ES UN TRABAJO”
– Has dicho que la fidelidad no es natural, que es un trabajo. ¿Qué hay que hacer para ser fiel?

– Hay que admirar a la pareja, creo que el cariño tiene que ver con la admiración. Creo que cuando se acaba la admiración por la otra persona, se pone en riesgo muchas cosas, porque la persona comienza a sentirse sola. Empieza a sentirse alejada. (…) hombres hermosos hay en todas partes y a cada rato. Me encanta mirarlos, y tengo permiso para hacerlo. Mi pareja también tiene permiso para eso, porque hay mujeres hermosas en todas partes (…) es un trabajo a conciencia, el decir ‘me encantaría estar con esa persona, tener una aventura, pero…’. Hay que ser lo suficiente grande para decir ‘me encantaría, pero mejor no lo voy a hacer. Porque me puedo meter en la patas de los caballos’ y ¿para qué? ¿para qué arriesgar lo que uno tiene?, porque si lo tengo hace tiempo, es porque me interesa.

– ¿Piensas que se es infiel cuando no se ama a la pareja?

– No sé…. creo que no tiene que ver con el cariño. Tiene más que ver con uno mismo, con la autoestima que uno tenga, con lo solo que uno se sienta. A veces en la vida de pareja se pasan períodos súper egoístas (…) pero no tiene que ver con el cariño. Tiene más que ver con la famosa lealtad. O sea si mi pareja me pide ser leal, entonces ¿para qué voy a tener un affaire? Ahora, personalmente pienso que tener una a ventura es una opción súper peligrosa, porque es re fácil enganchar. Porque uno no se va a meter con cualquier persona, uno va a tener una aventura con alguien que le encuentres algo. ¿Y qué pasa si después descubres algo más? Encuentro que es súper riesgoso, es como jugar a la ruleta rusa. O sea me daría mucho susto, porque de repente ¿y qué pasa si me enamoro me vuelvo loca y dejo todo botado?… porque eso puede pasar. Y no quiero que me pase, me da terror.

– ¿Eres capaz de perdonar una infidelidad?

– A estas alturas sí. Ahora hay que ver qué tipo de infidelidad. Si descubro que mi pareja hace cinco años tiene otra casa con otra mujer, con sus muebles, su televisor… eso más que infidelidad, es una vida paralela. Es una deslealtad a los proyectos de vida. Porque creo que lo bonito de la pareja es ser exclusivo. Si sé que mi pareja por ahí se tropezó con una piedra, cayó y lo levantó una guapa de un metro ochenta, rubia, hermosa…. me va a dar una rabia atroz, pero fue esa eventualidad y chao…. esa guapa de un metro ochenta, rubia hermosa, no va a ser más importante que yo.

– ¿Y te ha tocado perdonar una infidelidad?

– No.

– O sea que ¿nunca te han sido infiel?

– Sí, me han sido infiel, pero no he perdonado… es que era más joven, y tampoco estaba en una relación tan trascendental como la que tengo ahora (…) es distinto el amor a esta edad que a los 20. A esa edad yo tenía un amor absolutamente idealista, muy de los cuentos. Entonces cuando iba pasando el tiempo me preguntaba ‘qué mierchica está pasando’ entonces me arrancaba, porque no quería ver la decadencia del amor. Tuve que crecer bastante para entender que no era decadencia, sino que eran distintas etapas.

– ¿Has sido infiel?

– Sí. Me enamoré perdidamente entonces, por eso digo…. puse en riesgo absolutamente todo y no lo quiero volver a hacer. Ya lo viví, fue entretenido, pero nunca más. Hablo con conocimiento de causa. Fui infiel y estuve a punto de perder la cabeza. Y ahí aprendí que ser monógamo no es espontáneo, es un trabajo. Además, que estamos en una sociedad que tenemos que respetar y esta sociedad es monógama. No puedo estar con cinco maridos y tampoco van a haber cinco maridos que me lo vayan a aguantar. Ni viceversa, tampoco tengo porqué aguantar que mi marido tenga cinco señoras.

– Y ¿dejaste a tu pareja oficial por irte con esa otra persona?

– Sí, se terminó la relación que tenía y se terminó la otra también.

– Te quedaste sin pan ni pedazo….

– O sea, aprendí la lección. Fue feo, no lo pasé bien, para nada.

– ¿Crees que las mujeres infieles son más condenadas que los hombres infieles?

– Mucho más condenadas. Una mujer alcohólica es mucho más condenada que un hombre alcohólico. Nosotras las mujeres siempre hemos tenido las riendas muy cortas. Pero siento que la capacidad de desear, de erotizarse, creo que es independiente del amor. Lo ideal es ligarlo al amor, erotizar, y tener relaciones sexuales con la persona que amas eso es lo ideal, pero si no tienes a una persona al lado que ames, y quieres tener relaciones sexuales, las vas a tener igual.

“NO ME QUIERO CASAR NUNCA MÁS”
– Alguna vez comentaste que lo pasaste mal cuando cumpliste 30 años ¿por qué?

– Sí. Es que hay un problema fonético con los 30. Cumplir 20 suena suave, pero 30… es duro, me cargó. Me cargó todos los 30, no caí en una depresión ni nada, pero sentí que se me venía una década muy pesada encima, una década en que hubo decisiones súper fuertes. A los 30 decidí ser mamá, no lo pasé muy bien a los 30 ni como mamá ni como pareja…. Y tomé decisiones de vida súper radicales.

– ¿Cómo cuáles?

– Como separarme, irme a vivir sola, hacerme cargo sola de mi hija. Y eso no es lo ideal para nadie (…) Cuando cumplí 40, hubo en la palabra como un bálsamo. Que tiene que ver con estar viviendo una etapa resuelta, por el hecho de tener una planificación familiar hecha, que estás menos ansiosa, más paciente (…) y me gusta más decir que soy cuarentona que treintona, hay un problema con la ‘tr’ que no me gusta mucho (ríe)

– Y respecto a esta separación ¿cuánto tiempo estuviste casada?

– No, es que no me casé, yo ya me casé y ya sé lo que es eso y no me quiero casar nunca más…. estuvimos juntos dos años y los problemas empezaron con el embarazo. O sea, me separé cuando mi hija tenía un año y ya no había vuelta atrás.

– ¿Por qué dices que no te vas a casar nunca más?

– Porque estoy en una etapa en que no voy a tener más hijos. Tengo una pareja hace siete años, él tiene a su hijo también. Y estamos felices y esperando que crezcan los hijos para empezar a pololear de nuevo y no estar pendientes del colegio, de la matrícula, las pruebas…. Es que para mí el compromiso legal, no es necesario. No tenemos la intención de estafar a nadie, ni de arrancarnos con millones… o sea no tenemos la necesidad de ser una figura legal. Además, siento que de alguna forma no nos convendría. O sea el hecho de no estar casados, quizás nos mantiene más atentos como pareja.

– ¿El matrimonia aletarga a las parejas?

– A veces pasa que cuando uno se casa, se relaja. Es como decir ‘ya, estoy casada. Listo’ y eso creo que es lo peor que le puede pasar a una pareja. Porque obviamente no tenemos nada garantizado en esta vida y los cariños hay que cuidarlos.

– ¿Crees que es posible amar a alguien para toda la vida?

– No… creo que eso es un trabajo que uno hace día a día. Eso de manera espontánea, no existe. Creo que hay una opción de vida, de fidelidad, que es lo mismo que hacen los curas con el celibato. Es imposible hacerlo, pero es una opción que día a día vas haciendo. Es como un alcohólico rehabilitado ‘hoy día no tomo, pero mañana veremos’. Creo que el cariño se va tratando así.

Depende de cada ser humano, somos todos tan distintos. Ahora, por suerte tengo a una pareja que es bien poco común dentro de lo que son los hombres. No es celoso, sabe muy bien que lo elegí a él. Sabe muy bien que puedo estar mirando a los chiquillos. Pero me conoce. Nosotros aprendimos a conversar. Recuerdo que la primera vez le dije muy suelta de lengua ‘oye, estamos muy fomes. Esto no está funcionando’, él se espantó y me preguntó ‘¿y por qué me dices eso?’ y le contesté ‘porque te quiero’. Lo importante es que se entienda que no es con un ánimo de agresión, sino que de poner luces de alerta. Y cuando eso se aprende, al final se agradece.

¿Y en qué otra situación se espantó?

– Ponte tu a mí me encanta dormir sola. Eso al principio él no lo entendía. Y le explicaba que no era un problema de cariño, sino que de mi intimidad. A ver, te voy a poner un ejemplo súper burdo… si me quiero comer un plato hondo de porotos con riendas, con una tremenda ensalada de cebollas, ¡quiero dormir sola!. Si ando complicada con alguna situación del día, que me tiene mal genio, prefiero dormir sola. Y hoy soy una persona que puede dormir tanto sola como acompañada, sin que haya una crisis en la casa. El hecho que durmamos en camas separadas, no implica que mi hija o mi mamá piensen que estamos peleados. Dicen ‘ah, ya andan con la luna’, no es tema.

¿Y siempre has sido así de directa o es por un asunto de madurez?

– He ido aprendiendo, aunque te cuento que ni madre ni mi padre tenían el filtro de la diplomacia. También hay una cosa familiar bien importante, y que también puede ser bien incómodo. Pero uno va aprendiendo, uno tiene que aprender a decir las cosas, para no herir a las personas.

Proyectas una imagen de mujer dulce y angelical ¿así siempre te han visto los hombres?

– (Ríe) No, para nada (…) tendré una primera imagen súper dulce, pero yo a veces no soy dulce. Soy una mujer muy animal, muy temperamental, muy leal a mis principios. Soy muy exigente, de repente me transformo en una vieja de mierda. Amorosamente también soy bien animal. El hombre que tenga alguna fantasía con acostarse con la señorita virginal…. conmigo se puede llevar más de alguna sorpresa (ríe). (…) quizás hay mujeres que son más obvias, quizás yo no sea tan obvia, pero ¡qué lata ser dulce todo el día! O sea, qué lata para mí, no podría, no resisto 24 horas de dulzura (ríe).

“OPINABA QUE NO SERVÍA PARA NADA”
– ¿Cuáles son tus límites en la vida?

– Tengo hartos. En lo social, moral. Soy súper respetuosa de los demás (…) Tengo una capacidad de adicción súper alta, y por la experiencia que tuve con el cigarro, me da miedo lo de las drogas y el alcohol. O sea, las drogas no las pruebo, porque tengo una capacidad para pasarlo bien maravillosa, no las necesito. Y respecto al alcohol, me despeino, pero de vez en cuando los fines de semana, un traguito por ahí, pero bien medido (…) también estoy en contra de toda la violencia, porque es re fácil ser violento, participo en una campaña contra la violencia de la mujer, y me siento súper representante, porque sufrí eso. Sé de lo que hablo.

– ¿Y cómo se supera algo así?

– Uno siempre se puede sanar. Hay que tener en cuenta que es una experiencia que viví hace más de veinte años. En que estuve muy mal, en que llegué a un estado en que mi opinión de mí era que no servía para nada, que no valía nada.

– ¿Qué edad tenías?

– Era chica, tenía 18 años. Pensaba que era lo peor que pisaba el mundo, tenía una autoestima muy baja, con una depresión terrible. Y lo primero que se tiene que hacer para romper ese círculo es hablar. Y uno no habla porque da mucha vergüenza decir ‘sí, soy golpeada’.

– Es que la primera reacción suele ser ‘por algo será’ o ‘ella es la tonta que se deja’….

– Claro… es que ahí hay un problema cultural. Hay un humor bien negro respecto a eso. Hay que verbalizar lo que te pasa, y en mi caso lo hice con mi mamá.

 

 

 

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