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Graciela Alfano: «Sí: mi cuerpo me eclipsó» , por el amigo Hernán Firpo

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 24, 2006

Dice que tiene un físico maravilloso y que ser un sex symbol es gratificante. Pero al mismo tiempo se queja de que no la dejaron ser. Esto es: demostrar que es una actriz de raza. Contradicciones asumidas

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El cuerpo es solamente un envase o algo así. Eso es lo que intenta decirnos, aunque acá lo simplificamos porque, perdonen, no entendemos muy bien la explicación. Como esos sabios orientales habla y habla del autoconocimiento, de los esquemas mentales. Afirma que es «un espíritu que tiene un cuerpo» y de golpe, a cuento de nada en especial, llega un «Graciela Alfano es mucho más grande yo». Silencio, y después una sonrisa.

Interesante lo que acabás de decir. ¿Eso no se llama lapsus?

Puede ser… Pero es verdad, es verdad, sí.

O sea que sos como una mujer mayor encerrada en un cuerpo joven.

A veces pienso que es así. El otro día estábamos de gira con la obra (Como gatos callejeros) y se me acercó un nene de cuatro años. «Quiero hacerme una foto con la Barbi», dijo. Después me preguntó cuantos años tenía. «Veintidos», le dije… A mí espíritu le han dado un cuerpo maravilloso, no me puedo quejar.

¿Otra vez vamos a hablar del espíritu?

He tenido un cuerpo maravilloso y estuvo muy bueno usarlo. Mi cuerpo me ha dado muchísimas satisfacciones.

Ahora estás hablando en pasado.

Yo entré en un estado de realismo muy fuerte. Es la manera en que me banco el boomerang.

Sin embargo, seguís viviendo de lo que mostrás. ¿Cuánto tiempo crees que durará?

Mi cuerpo sigue vivo. Espero que mucho tiempo pueda seguir viviendo de él. Ser un sex symbol es gratificante. Y lo entiendo: a mí me gusta mucho mi cuerpo desnudo, aunque incluso tenga alguna imperfección, que también me gusta… Las imperfecciones son lo que nos hace originales. Yo he sido muy admirada, muy copiada por las mujeres. He sido muy admirada en este país, pero más allá de haber estudiado ingeniería y de haber proyectado tantas fantasías, yo soy una actriz de raza.

¿Cuántas cirugías asumís?

Dos, y en la cara… (¿Nos habremos puestos insolentes con la mirada?) Bueno, en realidad tres: también me hice el busto, sí.

«¿Pero eso tiene relevancia en la nota?» Con admonitoria cordialidad toma la palabra Matías Alé, su marido —por estos días, cuentan, están celebrando dos años de un casamiento en Cuba—. Pensamos decirle eso de que los-de-afuera-son-de-palo, pero Matías acaba de traernos café —»¿azúcar, edulcorante?», «¿vasito de agua bien fría?—, de modo que elegimos aceptar la intervención porque Matías será todo lo que quieran, pero también es muy amable: le abre la puerta al fotógrafo, compara al cronista con un actor fachero, trae otra rondita de café y allí sentado junto a su mujer es un encanto al que sólo por maldad uno podría preguntarle qué clase de vivillo es o cómo se hace para tener 29 años, manejar coche caro, no tener un trabajo muy definido y ser el hombre de la casa en un piso formidable que balconea la avenida Alvear… Esto es una digresión. Volvamos.

Graciela, ¿no te sentís un poco víctima de una sociedad que vive exaltando la juventud?

¡Peor! ¡Acá hay una sacralización de la adolescencia que nos está atrasando como sociedad! Una sacralización pelotuda que me harta… Que estemos hablando de esto, como que nos pongamos a hablar de la edad, por ejemplo, implica un atraso. Yo soy un o-ri-gi-nal.

Antes hablabas de la actriz de raza. ¿Tu cuerpo eclipsó a la intérprete que te hubiera gustado ser?

Totalmente. No me permitieron, no me dejaron y a mí me faltó fuerza para imponerme.

¿Y cómo te llevás con las idea de ir dejando de ser la fantasía del hombre argentino promedio?

No me interesa… Esas cosas me llenan de angustia, me traen pensamientos estúpidos. No me gusta fantasear sobre mi vida. No quiero hablar de cómo ser un sex symbol más allá de tener 800 años. Es una proyección sobre mí, y me hago cargo de lo que pasa… Si diez años atrás hablábamos y me decías que yo iba a estar con él (por Matías), no lo hubiese imaginado.

¿El viene a representar la fantasía edípica?

¡El es mucho mayor que yo!, aunque yo le lleve un millón de años… Y este puede ser otro mensaje contradictorio, como todos mis mensajes… Yo necesitaba una persona muy madura, de una gran seguridad, íntegra. (Matías) es una persona muy serena, con emociones cálidas y a la vez contundentes. Yo, en cambio, soy muy intelectual, me refugié en mi intelecto para no sufrir. Estaba a punto de convertirme en glaciar, y apareció él.

En la época de tu ex, Enrique Capozzolo, decías que vos eras Simone de Beavoir y él era Sartre. ¿Hoy cómo reactualizarías esa comparación?

Estaba taaan equivocada… Simone es Simone y Graciela es Graciela. Me siento más cómoda pensando de esta forma.

Si nos volvemos a ver en 2016, ¿seguiremos entrevistando a una mujer que continúa viviendo de su cuerpo o estaremos ante otra Alfano?

Yo escribo mucho, escribo cinco páginas por día. Qué sé yo, ojalá estén hablando con una escritora o con una cineasta. Ojalá. Sí.

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