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CINE. “Sueños de gloria”

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 28, 2006

Espíritu a toda velocidad

 

“Sueños de gloria” habla de la perseverancia para conseguir un logro, con, otra vez, un notable Anthony Hopkins.

ESA MOTO QUE VA A MIL. Hopkins en el Lago Seco, en Utah: con mínimos gestos consigue transmitir la pasión de su protagonista.

 

Vives más en cinco minutos en moto a toda velocidad que mucha gente en toda su vida” es la mejor respuesta que se le ocurre a Burt Munro cuando le cuestionan por qué desea correr, ya sexagenario, su moto Indian Scout 45, modelo… 1920.

Sueños de gloria se basa en un sueño, más que de gloria, de vida de este neozelandés, tozudo y con un espíritu envidiable. El hombre tenía 68 años cuando partió, en 1967, desde su pueblito Invercargill hasta el lago seco en Bonneville, en el estado de Utah, Estados Unidos, para participar en la carrera de la Semana de la Velocidad e intentar quebrar un récord de velocidad de motocicletas de menos de 1000cc de cilindrada. Debía superar los 300 kilómetros por hora, y nadie apostaba a que pudiera ir a más de 110.

Munro —interpretado por Anthony Hopkins con su habitual habilidad por expresar estados de ánimo con un mínimo gesto— era un jubilado con problemas cardíacos y de próstata obsesionado por su moto y la velocidad, que enloquecía a sus vecinos de su bario probando el motor a la madrugada, se despreocupaba de cuestiones mundanas —como que no cortaba el césped, que ya era un yuyal en su casa— y vivía y soñaba pensando en su Indian.

El director Roger Donaldson (Sin salida), otro confeso amante de las motocicletas, transmite esa pasión por el personaje hasta en los detalles más pequeños. Nadie confía en Munro, unos jóvenes motociclistas le juegan una apuesta en la playa y se burlan de él, pero luego lo ayudarán económicamente para que pueda sobrellevar el viaje en barco desde Nueva Zelanda a Los Angeles.

Tal vez el relato peque en demasía mostrando la bondad de quienes le dieron una mano al protagonista —ya en suelo norteamericano lo ayudan un latino, un indio y un travesti, entre otros desclasados—. Y llama la atención que el leit motiv musical de J. Peter Robinson sea demasiado parecido en sus acordes al que Thomas Newman compuso para Belleza americana.

Hopkins se compra otra vez al espectador. Porque cuando Munro pueda decir lo logré, habrá conseguido algo más que un motivo de orgullo para los kiwis, como se conoce a los neozelandeses. Es ésta una historia de vida para conmover a todos, una sencilla y gran película.

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