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“El palacio de las flores” – Andrés Calamaro

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 1, 2007


“El palacio de las flores” – Andrés Calamaro

Entre intérprete y compositor, Andrés vuelve de la mano de Litto Nebbia.



Andrés Calamaro ha dado un largo rodeo para volver a tomar las riendas de sí mismo en términos artísticos. En El Cantante se refugió en su pasión de intérprete, aunque distante de la fiebre característica que ha dejado sus marcas en las Grabaciones Encontradas. En Tinta Roja soltó su berretín por cantar tangos. Cosa curiosa viniendo de un compositor prolífico que hizo siempre discos con sus propias canciones.

De algún modo, le pasa lo que le pasó a Dylan: en un punto del camino sintió que se había olvidado todo y tuvo que reaprender su propio lenguaje, pero a diferencia de Bob que se las tuvo que arreglar solo, Calamaro consiguió que la Bersuit lo ayudara a reinstalarse sobre un escenario. Es probable que sea Cachorro López quien, a partir de febrero o marzo, colabore para que reaprenda su oficio en estudio (en la primera fase fue el productor Javier Limón quien realizó la tarea), pero es Litto Nebbia en El palacio de las flores el que hace de tutor del Andrés compositor.

Es interesante que ante la propuesta de Andrés de hacer un disco entre ambos, Nebbia haya preferido dar un paso atrás y actuar como compositor, músico, arreglador y productor, antes que como un par, obligándolo a Calamaro a dar un paso al frente. Paso que Andrés no da del todo, porque por un lado muestra nuevo material y por momentos parece retornar a la faceta de intérprete que desarrollara en El Cantante. Pero el gesto de Litto lo pinta de cuerpo entero: un tipo que busca el lugar más apropiado en un proyecto y se planta allí, aún resignando brillo personal.

El palacio de las flores tiene de todo como en botica, aunque falten las canciones que hagan tilín en el corazón, como canta Andrés. De hecho, “El tilín del corazón” suena como una marcha con una melodía corta y poco ambiciosa, que remata en una coda larga, extensa. “Corazón en venta” es un hit hecho y derecho, pero no llega al nivel de las buenas canciones de Andrés y alarma con párrafos como “Parece que mi cámara lenta ya perdió la cuenta y no está contenta”.

Andrés ha hecho un estilo de la búsqueda constante de la rima asociativa, y en él ha logrado importantes hallazgos, pero en varias ocasiones abusa de su propio recurso y lo convierte en un cliché. Sucede en el tema que titula el álbum, y en “Mi bandera”, que se recarga con autoreferencias (la hermana Libertad de “El cantante” vuelve a aparecer), y consonancias que desbarrancan sin sentido (“solamente tengo en mente lo de siempre/ no se trata nada más que de vivir”).

Litto Nebbia ejerce su múltiple oficio con solvencia, dotando a las canciones de arreglos y estructuras, y aportando uno de las mejores temas del disco, “El compositor no se detiene”, muy en la vena de “No importa la razón”. Pero no ha podido evitar (quizás no fuera su función) algunas distracciones como una interpretación (otra más, de miles) de “Contigo aprendí”, un bolero de Manzanero del Paleolítico que no agrega nada, o la versión de su propia “Rosemary”, sin el encanto “camp” de la original. O el recalentamiento de “Loco” que aquí se llama “Corte de huracán”.

Hay buenos aromas en El palacio de las flores: “Punto argentino” no termina de ser claro en su mensaje, pero la letra tiene filo, ironía y poder de observación; el encanto pseudo-blues-litoraleño de “Patas de rana” seduce; las voces de Vicentico, Nebbia y Andrés generan buenas armonías en “Cuando una voz sea de todos”, una típica bossanebbia, como también lo podría ser “Miami”.

Un álbum titulado El palacio de las flores que presenta en su tapa a un jarrón con flores y caligrafía cursiva en su tipografía, tiene algo de mezquino. Lo curioso es que el espíritu que parece gobernar este encuentro parece sumamente generoso. Es como si todos hubieran estado sumamente contenidos, como si el afecto y el respeto fueran un dique para que la emoción fluyera naturalmente. Al fin, El palacio… termina siendo como uno de esos lugares imponentes donde uno termina deseando haber traído un abrigo. Nebbia y Calamaro son dos grandes absolutos y no han incurrido en error alguno al juntarse (la experiencia de ambos lo habrá garpado o no), pero… alguien debe haber dejado una puerta abierta en algún lado.

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