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“El bastardo”, un personaje a contramano de su época

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 6, 2007

Publicada por Alfaguara, la obra de Carlos María Domínguez sobre el uruguayo Roberto de las Carreras refleja sus pulsiones creativas, eróticas y políticas en clave novelada. En una charla con Télam, el escritor describe los aspectos fundamentales de un trabajo revelador.

En clave biográfica aunque con aliento de novela, «El bastardo», de Carlos María Domínguez, da el perfil del escritor uruguayo Roberto de las Carreras, personaje a contramano de su época repujado en un ejercicio de discrepancia con las convenciones sociales.

Defensor del amor libre, Roberto De las Carreras -polemista, espadachín, anarquista, viajero y poeta que se adelanta al gesto vanguardista- se bate contra la moral de su tiempo con el empuje juvenil de sus años lúcidos.

Si bien tuvo una vida larga -nació en 1875 y murió en 1963-, el personaje en cuestión sufrió demencia en sus últimos 50 años.

Con gran manejo de lenguaje y apoyado en una investigación exhaustiva, Domínguez teje en este libro -publicado por el sello Alfaguara- pulsiones creativas, eróticas y políticas encarnadas por el protagonista, que para la historia oficial había quedado encapsulado en la figura del dandy.

– ¿»El Bastardo» es la historia de un poeta maldito?

– Es la historia de un poeta aristócrata y anarquista que enfrentó la moral de la burguesía con la utopía de una erótica, el sensualismo, la libertad sexual, en una época dominada por fuertes represiones patriarcales. El 900 en el Río de la Plata coincidió con la organización del Estado, la separación de la vida pública de la vida privada.

– ¿Fue un transgresor?

– Jugó al fútbol con sus prejuicios y sus miserias. Encarnó la poesía a lo Oscar Wilde, en la provocación y el escándalo, y por sus trasgresiones quedó aislado. Reivindicó el amor libre y con los anarquistas por el cambio social. Lo acompañaron Florencio Sánchez, Julio Herrera y Reissig y Horacio Quiroga.

– ¿Fue un hedonista, un cínico, un humorista?

– Todo eso y más: un ser desesperado y trágico, oculto detrás de sus audacias y bufonadas. De las Carreras, hijo bastardo de Clara García de Zúñiga, dama patricia argentina, se jactó de ser fruto de una noche apasionada.

– El libro tiene, entonces, dos protagonistas, Roberto y Clara

– Sí, su madre es un personaje tanto o más seductor que Roberto. Lo ignoraba hasta que descubrí en Gualeguaychú el archivo familiar de los García de Zúñiga y el expediente del juicio en el que la declararon loca para despojarla de su fortuna. En su historia hay involucrados próceres argentinos.

– ¿Cuáles son esos próceres?

– Juan Manuel de Rosas, Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre, Manuel Quintana, Carlos Pellegrini, y sobre todo, quien presidió la asamblea que dio la Constitución Argentina, Facundo Zuviría y su hijo José María, al que fue prometida Clara en matrimonio cuando sólo tenía diez años.

– La historia tiene algo de culebrón, de folletín…

– Sí. El yerno acusó a la suegra de estar enamorada de él. Tras incontables guerras privadas por los hijos y la herencia, Clara reivindicó su derecho a ejercer su libertad sexual. La familia, el Estado y el poder médico, la declararon incapaz y la encerraron en un altillo.

– En la relación del personaje con las mujeres, siempre parece estar presente la figura de su madre.

– Su obsesión fue la erótica de la madre. Su prédica en favor de los derechos sexuales de la mujer, su combate a los crímenes de la moral cristiana, tienen como fundamento la defensa de la dignidad de su madre. El Código Penal uruguayo hasta las postrimerías del siglo XIX no castigaba al marido que asesinaba a su mujer si la hallaba en delito de adulterio

– Da la idea de una especie de Casanovas uruguayo…

– Roberto fue un poeta galante, seductor de mujeres casadas, vírgenes, de señoritas de sociedad, y celebrador de las libertinas y las prostitutas. Su sensualismo exacerbado puede ser entendido como la expresión del amor por su madre.

– ¿Interesa al lector argentino un personaje como éste?

– Presumo que hay una lectura argentina de esta historia porque muchos de sus próceres no sólo no le son ajenos. Además, Clara y Roberto son producto de una ardiente chispa argentina que saltó a Uruguay cuando los lazos del patriciado eran muy estrechos.

Una lectura desde la actualidad permite revisar el concepto de trasgresión que desde los años 90 para acá se instaló como discurso en no pocos intelectuales.

– El intelectual, ¿era más lanzado en ese tiempo?

– En contraste con las audacias del 900, muchos de los gestos de hoy parecen infracciones sin riesgo. No hace mucho las asambleas barriales gritaban «que se vayan todos» y allí están «Las cartas de un flojo» de Florencio Sánchez, donde les dice: «No creo en ustedes, patriotas, guapos y politiqueros”.

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