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Un manifiesto de la modernidad

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 15, 2007

Se cumple el centenario de Les demoiselles d´ Avignon , el famoso cuadro de Pablo Picasso, emblema de la estética contemporánea

Hace cien años, en el mítico y miserable atelier del Bateau-Lavoir, en Montmartre, Pablo Picasso pintó Les Demoiselles d´ Avignon , una de las obras fundamentales del arte del siglo XX. Quienes la vieron en esa época, salvo escasas excepciones, consideraron con asombro que era una forma de «terrorismo» pictórico. Georges Braque, más tarde su compañero en la aventura cubista, recordaba que el cuadro le produjo la sensación de que alguien pretendía «hacerle mascar estopa y beber petróleo». Henri Matisse pensó que era una broma de mal gusto; Guillaume Apollinaire se sintió desconcertado. Un siglo después, para la crítica más actualizada, la tela es, sin dudas de ninguna clase, un auténtico manifiesto de la modernidad.

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La composición, que el malagueño realizó a sus veinticinco años, estuvo precedida por varios estudios independientes y por setecientos croquis. Estos fueron ejecutados entre 1906 y 1907, con tinta china, lápiz grafito y gouache, en las páginas de dieciséis cuadernos que sólo fueron conocidos después de la muerte del artista.

La escena representa el interior de un burdel barcelonés, ubicado en la Carrer d´ Avinyó (luego el crítico André Salmon, un amigo muy cercano al pintor, confundió el nombre de la calle con Avignon). El tema es típico del siglo XIX: el desnudo femenino de grupo (como las escenas de harén compuestas por Ingres y Delacroix). En este cuadro, la ausencia total de pudor de las cinco mujeres, sus miradas fijas en el espectador, la ausencia de comunicación entre ellas, no dejan de recordar también a la Olympia de Manet.

Pero los aspectos provocativos que encontraron en el cuadro casi todos los amigos del pintor no provenían del tema sino de su figuración antinaturalista. Esta tenía varias fuentes; por una parte la pintura polinésica de Gauguin y las bañistas de Cézanne; por la otra, la escultura ibérica prerromana y la escultura africana. Picasso, quien había conocido este «arte negro» en el Musée d´ Ethnographie du Trocadéro de París, en poco tiempo logró reunir un conjunto considerable de esas esculturas; una fotografía de 1908 lo muestra en su atelier posando junto a la colección.

Con esos elementos lingüísticos, Picasso revolucionó la manera de concebir la pintura. No sin violencia rompió con los últimos vestigios de la representación tradicional, pasando de un modo de trabajo perspectivo a un modo conceptual. Todas las figuras femeninas y el fondo del cuadro están cortados en planos. Los cuerpos desnudos aparecen brutalmente deformados; la mujer sentada de espaldas presenta su cabeza vuelta hacia el espectador (una posición imposible). El espacio está facetado; no hay «delante» ni «atrás». La deuda con el arte africano se distingue en los semblantes de las prostitutas de la derecha; en las otras, el origen parece estar en la escultura ibérica. En la parte baja de la tela, en primer plano, se ve un pequeño «bodegón» de frutas, compuesto por una rebanada de sandía, un racimo de uvas, una manzana y una pera.

El cuadro, de grandes dimensiones (244 por 234 centímetros), fue considerado por algunos críticos e historiadores como una pieza principal en el origen del cubismo. Por el contrario, otros estimaron que Les demoiselles d´ Avignon era una expresión de las tendencias primitivistas de Picasso. Más allá de las controversias historiográficas, a pesar de la escasa difusión que tuvo hasta fines de la década de los treinta, Les demoiselles influyó de manera fructífera en el desarrollo de la pintura modernista.

La tela fue conocida por escasos artistas, poetas y coleccionistas que visitaban el taller donde Picasso la guardaba enrollada. Sólo fue expuesta en 1916, nueve años después de su realización, en una muestra semiprivada, organizada por Salomon en el Salon d´ Antin. En 1924, el modisto Jacques Doucet la adquirió sin haberla visto (por consejo de André Breton). Años más tarde, el coleccionista intentó legarla al Louvre; pero la oferta fue rechazada. En 1937, su viuda la vendió a la galería neoyorquina de Jacques Seligmann, donde fue expuesta en la retrospectiva Veinte años en la evolución de Picasso: 1903-1923. Poco después la adquirió el Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA), en 28.000 dólares. Alfred H. Barr, su primer director, la incluyó en la muestra inaugural del nuevo edificio, en mayo de 1939. En esa ocasión, con evidente acierto, el crítico dijo que Les demoiselles d´ Avignon era «una de las escasas pinturas de la historia del arte moderno de la que puede decirse con justicia que ha definido una época». 

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