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ENTREVISTA A JORGE MARRALE (Un capo)

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 20, 2007

Jorge Marrale: “Estoy entrando en una zona de agradecimiento a la vida”

 

 

Talentoso y versátil, él prefiere decir que “esencialmente, soy padre”. Tiene 4 hijos, de entre 2 y 32 años, a los que besa hasta el cansancio. Cuenta que el ingeniero que iba a ser le cedió espacio al actor que empezó a moldear en las imitaciones de la secundaria.

 

Como si el fuego de los buenos recuerdos le entibiara su clara mirada —tanto de color como de actitud—, su gestualidad se enciende cuando evoca los viejos tiempos en los que la Ingeniería le agobiaba los días. Hasta ahí había llegado casi como una consecuencia de la escuela industrial. Pero un día, mientras cursaba segundo año, “sentí que necesitaba una expresión que no era la mental, al menos en términos de cálculos matemáticos. Necesitaba equilibrar el espíritu, la imaginación. Empezaba a tener, con fuerza, el sueño de lo artístico. El arte me conmovía y yo estaba ahí sentado, aburrido, proyectando puentes”. Se fue de para ir a. “Tenía 21 años y estaba como a medio hacer”, reconoce Jorge Marrale, el hombre que, lejos de construir, se animó a destruir mandatos para luego reconstruir(se).

A 37 años de aquel momento de decisión, asegura que “el Conservatorio (de Arte dramático) fue la salvación. Me dio una visión del mundo distinta y me conocí más sensiblemente. Sentía que estaba haciendo algo trascendente para mí”. Tanto, que a pesar de que allí no les dejaban hacer obras mientras estudiaban, con un puñado de compañeros —entre ellos Osvaldo Santoro, “amigo del alma”— montó Duérmase niño, pieza que abrió el camino que hoy lo encuentra entre los actores más versátiles —entre otros buenos calificativos— del cine, el teatro y la TV.

Si bien esa versatilidad le permitió recrear diferentes criaturas, la sanación como concepto se le volvió recurrente en sus últimos trabajos. Fue el doctor Segura de Vulnerables, fue protagonista de Los médicos, escribe un guión sobre un cardiocirujano infantil y aún le quedan restos de maquillaje del Padre Mario que encarna en Las manos, con el cual aborda la idea de la curación desde otro lugar, claro.

¿Alguna vez pensaste en ser médico?

No, nunca. No hubiese sido un buen médico. Me conmuevo rápidamente, no sabría cómo resolver. Me doy cuenta de que hay que tomar distancia frente al dolor del otro para poder curarlo.

En los tiempos en los que tal vez sí jugueteaba al doctor, al pequeño Marrale le gustaba probarse como wing derecho. La charla, entre café y suave música de fondo, lo lleva a decir que “yo no era bueno, buenos wines fueron Raúl Bernao (Independiente) o Félix Lousteau (River). Nosotros armábamos una canchita con un arco en una vereda, otro enfrente. No había mucho tránsito y era la gloriosa época en la que la calle era de todos”.

Si bien se enorgullece al compartir que “fui educado con mucho sentido de realidad, la imaginación me acompañó siempre. Yo no tenía un amigo invisible… tenía un mundo invisible. Y ahí me sumergía para crear historias”. Y ahí, seguramente, echó raíz el hilo de ficción que fue tejiendo el telón de fondo.

“Los de mi generación tuvimos una infancia muy lúdica, en la que uno interactuaba con un par, no con un aparato. Nosotros jugábamos al tinenti (con cinco piedritas), a las figuritas, al hoyo pelota, que lo hacíamos en las veredas rotas: donde quedaba la tierrita al descubierto se armaban hoyos y se lanzaba la pelota. El que la embocaba se la tiraba con fuerza a un compañero”. Ya más crecido, las otras postales del divertimento le rescatan sus imitaciones del colegio: “Me salía bastante bien imitar al profesor de hidráulica, el gordo García, un tipo divino que fumaba como un escuerzo… Eramos muy inocentes, pero también teníamos conciencia de libertad, de lucha, de todo lo que generaron los 60″.

La conciencia y el compromiso le hilvanan, también, los trabajos que eligió, como el papel que hará en Cordero de Dios, la opera prima de Lucía Cedrón que “toca el tema de la dictadura y sus huellas desde un ángulo de mucha carga afectiva”. Poco puede develar del personaje que lo espera apenas vuelva de España, donde Las manos competirá en los premios Goya a fin de mes. “Este ejercicio de Lucía —hija del Tigre Cedrón, asesinado en Francia— es muy válido, con un guión muy valiente. Nosotros somos agentes culturales y también de memoria”, sostiene Marrale.

Padre de cuatro hijos —el menor tiene dos años y la mayor, 32— y abuelo de una beba, confiesa que “con el tiempo he aprendido a domar cierto malhumor frente a la realidad. Estoy entrando en una zona de agradecimiento a la vida. Entendí que hay ocupaciones afectivas que uno no debe descuidar. Si hago macanas pido perdón. Si quiero —de querer, no de antojar— lo digo… He descubierto que esencialmente soy padre. Me la paso besando a mis hijos. He construido algo, finalmente: una familia”.-

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