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Venden la Puna por Internet y a cuatro dólares la hectárea

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 21, 2007

Son más de 36 millones de hectáreas de tierras fiscales a US$ 148 millones. Incluye pueblos y parte del Tren a las Nubes. Las provincias niegan la venta. La inmobiliaria promete mostrar los títulos a cambio de una seña.

En busca de otra información, apareció la cifra, 36.955.566 hectáreas. La cronista pensó que al “subir” el texto a Internet se habían olvidado de poner la coma; hasta que vio el mapa: el campo en venta abarca la mayor parte de la Puna argentina. Piden 148 millones de dólares. El número asusta, pero a 4 dólares la hectárea, es una bicoca. El asunto es que son tierras fiscales que las tres provincias respectivas ni piensan vender.

No se puede mostrar la imagen “https://i1.wp.com/www.clarin.com/diario/2007/01/21/thumb/36.jpg” porque contiene errores.

“Fracción importante sobre la cordillera de los Andes”, dice el aviso en www.omarserrano.com.ar. Más aún, el territorio se recuesta en el límite con Chile e incluye pasos fronterizos, entre ellos el de Jama. Coincide en buena medida con el antiguo Territorio Nacional de Los Andes, que en 1943 se repartió entre Jujuy, Salta y Catamarca . Es probable que la superficie ofertada incluso sea mayor, pues Los Andes medía 62.642 kilómetros cuadrados.

La inmobiliaria que pretende venderla, Omar Serrano Negocios Conosur, busca interesar a capitales mineros en esta zona y también inversores en Iberá

En la región norteña más inhóspita y despoblada del país, cuya altitud promedio de 3.500 metros es una condena al soroche (mal de montaña), con un sol impiadoso y noches de hasta 20ø bajo cero, una mirada materialista sólo otorgará valor a los minerales.

Y mucho valor. Abundan el borax y el litio. “Hay muchas empresas haciendo prospección, en busca de oro y cobre. Hace años que vienen esperando el gran hallazgo”, cuenta el director del Instituto de Geología y Recursos Minerales, Roberto Page.

Sin embargo, el geólogo pone el ojo en otro tesoro más conocido: “El Altiplano es una de las zonas más bonitas del mundo”. Nadie que haya estado ahí lo pone en duda. Los salares inventan espejismos. Las cadenas montañosas superan los 4.000 metros. Con 6.739 metros, el cerro Llullaillaco corta el aliento. “Hay proyectos turísticos por el boom del turismo del desierto”, actualiza el geógrafo Alejandro Benedetti, cuya tesis doctoral se basó en el Territorio de los Andes.

La Puna de Atacama —como también se la denomina— tiene además un inmenso valor cultural. Pinturas rupestres y petroglifos guardan mensajes de “los antiguos”. Las mujeres pastorean llamas mientras hilan su lana. De los telares de Antofalla y El Peñón salen magníficas colchas y pullos. Arribeños y abajeños comparten las fiestas populares más genuinas, como el Toreo de la Vincha, en Casabindo. En Susques todavía hay ancianas de luto que el Viernes Santo practican las disciplinas, arrodilladas junto a la iglesia de 1598, en un simulacro de autoflagelación.

Desde Susque, Fernando Sala —-comisionado del Departamento— aclara que estas tierras no están en venta. El funcionario, como también los pobladores, desconocían que el terreno de sus casas se ofrecía a cuatro dólares la hectárea. En realidad, aclara, muchas son fiscales.

Susques no escapa a las generales del resto de la Puna. Su población es mayoritariamente indígena y el reclamo por las tierras es la principal problemática de sus habitantes: quieren los títulos de propiedad de los territorios que habitaron por años sus ancestros. Tanto es así que en Susques se está dando un proceso de entrega de terrenos.

Para Page, la oferta puneña “es un disparate, no tiene ningún asidero”. “El Estado salteño no tiene en venta ningún área minera”, aclara Ricardo Alonso, secretario de Minería y Recursos Energéticos de la provincia. Y recuerda que “por más que el suelo sea de propiedad privada, el subsuelo es del Estado nacional”.

“Conozco casos de inmobiliarias que hace varios años vendieron miles de hectáreas en la zona de Los Andes, y quienes las adquirían, las usaban para conseguir garantías bancarias —cuenta el funcionario—. Pero las entidades terminaban comprobando que eran tierras fiscales. Es decir, esos compradores habían sido sutilmente estafados”.

“No tengo el nombre del dueño —se excusa Serrano—. Lo único que tengo, es el contacto con el estudio jurídico que maneja esto; pero el nombre, tampoco lo puedo dar”. El vendedor dice haber trabajado otras veces con ese bufete. “Hay títulos —asegura—. Yo no los he visto, pero los presentarán mediante el pago de una seña. Cuando se pague la reserva, en la escribanía, yo voy a estar del lado del comprador”.

La negativa a mostrar los títulos y dar el nombre del supuesto propietario de la Puna es lo que enciende la luz de alerta en todas las fuentes consultadas: “quién asegura que después le devolverán el dinero al ver que la operación no se puede hacer porque son terrenos fiscales que no se venden”, se preguntan.

Para el ingeniero Jorge Soria, de Catastro de la Provincia de Catamarca, “el aviso de venta es una aventura”. El gobernador Eduardo Brizuela del Moral prometió “una profunda investigación sobre esta clase de avisos, que pone a los habitantes en situación de inseguridad sobre sus bienes”.

Serrano conoce esa comarca sólo por Internet, a través de las fotografías satelitales del Google Earth. “Hay algunas zonas verdes. Tal vez sean explotaciones forestales”, interpreta. En realidad, las mezquinas lluvias puneñas sólo permiten que crezcan las raquíticas tolas y algunos árboles de queñua.

En cambio sabe que la ley prohíbe vender predios fronteri zos a extranjeros de países limítrofes; pero ignora que si incluyen zonas de seguridad, deben tener el aval del Ministerio del Interior. Decenas de pueblos se levantan en esa región; conocidos como San Antonio de los Cobres y otros mínimos como Catúa. Por allí pasa el ferrocarril que une Salta con el Pacífico, que en parte recorre el Tren a las Nubes. “Habrán cedido esas tierras, para poder vender”, supone.

Este hombre de 43 años, padre de tres hijos, está inscrito desde 1998 en el Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de San Isidro. el grna diaro argentino comprobó que la dirección que da de su inmobiliaria es la de esa institución; algo que, según el presidente del Colegio, Carlos Ipuche, no es legal. En su sitio web tampoco hay número telefónico y fue imposible conseguirlo hasta que el propio Serrano respondió a un e-mail.

“Como es medio invendible, no me importa darte la información —confía—. Ustedes trabajan desde la indignación, y es indignante que esto esté en venta”. Simpático y locuaz, teme que ahora le retiren la operación. “Debo de estar lechuceado, porque hace dos años que me va mal”.

INFORME: DESDE SALTA, JESUS RODRIGUEZ; DESDE CATAMARCA, LUIS MERCADO Y DESDE CORRIENTES, ALFREDO ZACARIAS.

Títulos no oficiales


Somos parte de donde venimos. Me presento platense y mi vida se vuelve de calles con diagonales y con olor a tilo. En la tierra están las raíces y la esencia, y algunas de ellas —en América Latina— están en disputa. Los pueblo originarios vivieron sobre lo que siempre fue suyo, pero sin títulos de propiedad oficiales. Ostentan los naturales: el oído agudizado para sentir cuando se viene la lluvia o el saber cuándo el suelo está listo para la semilla. Eso no vale a la hora de decirse “dueños” para la ley y permite despojos, desalojos y hasta ofertas que huelen a estafa. Además los atemoriza porque temen perder su mundo y agrava más la desigualdad.

“Vendo Reserva en Iberá”


El mismo Omar Serrano destacó a la cronista que entre las tierras que tiene en venta hay 122.000 hectáreas en los Esteros del Iberá, en Corrientes, por 5,5 millones de dólares. “No vi el título; es una posesión veinteañal terminada. Sólo hay que poner unos pesos para terminar la escritura”, propuso.

Clarín consultó con dueños de campos en la zona. Dijeron que son tierras fiscales en la Reserva provincial Iberá, y que no hay ningún planteo veinteañal tan extenso. La propiedad se ofrecía en Internet con un código, el 10572, pero después de la consulta hecha por Clarín fue retirada de la página. Pero quedó algo más: otra propiedad en venta en Concepción, también es parte de la Reserva.

Las posesiones veinteañales en esta zona no son una cosa nueva, es más, vienen de lejos y hasta el mismo empresario Douglas Tompkins —dueño de una gran extensión de tierras en la zona— impulsa a algunos lugareños a pedirlas. La clave de su auge es que esta figura jurídica es una de las maneras de adquirir el dominio de las tierras. Según lo establece el Código Civil serán dueños quienes demuestren una posesión pacífica e ininterrumpida y a la vez con actos materiales de posesión (trabajo en la tierra) durante 20 años. Si lo hacen logran los títulos y las pueden vender. Conviene saber que el valor de estas tierras fiscales en el último tiempo aumentó y mucho por eso el auge de este procedimiento. En otras palabras, es un negocio con el que se está desmembrando una reserva que el Gobierno nacional nunca declaró Parque Nacional.

Ofrecido para explotación turística, el campo de esta investigación prometía ser “ideal para inversores de montos que necesitan ingresar al circuito”. La cronista quiso saber qué significaba esa frase, ausente en la traducción al inglés. “No sé —dijo Serrano—, así me lo pasaron”. Admitió que sonaba a lavado de dinero y dijo que lo sacaría. Al día siguiente ya no estaba, como tampoco las traducciones, “porque me cargan por mi mal inglés”.

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