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¿Una cuestión de existencia o resistencia?

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 31, 2007

En el país hay cerca de 30 millones de móviles, lo que equivale al 80% de la población. Sin embargo, hay quienes se rehúsan al aparatito y aseguran que en sus lápidas se leerá: “aquí yace alguien que nunca usó celular”.

Desde hace algunos años, el uso de celulares se ha expandido a todas las clases sociales y rangos etarios: lo tiene la señora que vive en una villa, el adolescente que ya solicitó renovación del modelo, o la nena de 9 años que convenció a sus padres para que le regalasen uno ya que todas sus amiguitas desde hace tiempo que andan con celular encima. A pesar de ser un servicio con un costo bastante elevado, el uso de teléfonos celulares se ha expandido y ha atravesado a toda la sociedad en su conjunto. Así lo muestran las cifras oficiales: en nuestro país somos alrededor de 38 millones de habitantes y hay ¡30 millones de teléfonos móviles! Pero, a pesar de estas cifras contundentes, todavía hay gente que no usa celular y ni tiene pensado hacerlo. Vendrían a ser como una especie de los últimos mohicanos del siglo XXI, que resisten alzando la bandera de “defiendo mi independencia”.

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¿Le parece raro que haya gente que no necesite el aparatito? Gente que no diga: “llamame al celu” o “mandame un mensajito cuando estés llegando”. Gente que no reciba el resumen de noticias por esa vía, que no se baje el último ringtone de moda, o no chequee su celular cada dos segundos a ver si “por las dudas” llegó un mensaje… Esa especie existe y, además, resiste. De hecho, quien escribe, hasta hace un mes pertenecía a esa categoría. Las razones que me hicieron dejar de pertenecer fueron básicamente dos: la primera, mi tía me regaló uno; y la segunda, es que lo tuve que aceptar por cuestiones laborales. Pero mejor escuchemos la palabra de los verdaderos batalladores.

“No tengo celular y no pienso tener. No lo necesito. El que quiere encontrarme me puede llamar a casa o al trabajo. Y si estoy en la calle y necesito hacer una llamada, la hago desde un teléfono público”, dice Mariana (23), estudiante de sociología, a quien se la ve orgullosa y firme con la decisión. A ella le molesta mucho cuando va en colectivo “y de repente empiezan a sonar a la vez cinco teléfonos con sus respectivas musiquitas. O estar en el cine viendo una película y que suene un celular”. Para Mariana “los celulares son una manera más de desperdiciar el tiempo”. Antes de despedirse, la futura socióloga no puede evitar su enojo con los publicistas de la propaganda ‘dale que te clavo la sombrilla’: “¿Quién la hizo? Es un horror.”

Pablo (31)trabaja en una agencia que organiza viajes de egresados y es menos pasional y escueto al respecto: “No uso celular, fundamentalmente, por una cuestión económica. Es un servicio caro, y además, no lo necesito”. Sus amigos, con los que juega al fútbol y al póker, conocen los horarios en que pueden encontrarlo en su oficina para arreglar fecha y hora de los partidos. Si bien su mujer y su padre tampoco usan celular, Pablo admite que no conoce a nadie más que prescinda del aparatito. Más pequeño en edad, pero no menos firme en sus convicciones, Agustín (18), un estudiante de Economía en la UBA y creador de CNBAforo.com.ar , coincide con Pablo en que la necesidad aún no supera los costos, y porque eso de “estar pendiente de apagarlo, de llevarlo, de tener crédito” no es para él. Su amigo Ignacio, de Massachussetts, jura que va a resistir hasta el día de su muerte: “me van a cremar sin haberme puesto el bicho en el oído”, dice, y concluye a modo de máxima: “Libertad de expresión sólo para los que pueden expresar”.

La psicóloga social Mabel Di Florio, quien tampoco tiene un teléfono que comience con 15, afirma que aunque el costo de los celulares y sus respectivos servicios no son tan altos como hace algunos años, desde el punto de vista cultural, tener un móvil sigue siendo un símbolo de estatus. “Es un capital simbólico que hace que la gente se sienta parte del sistema, se sienta requerida (ya que hay personas que la llaman) y con poder. Por eso, no tener celular no es tan sencillo: hay que vencer esas barreras”, explica. Para ella el celular en sí no es ni bueno ni malo sino que depende del uso que se le dé: “Hay personas que están excesivamente pendientes del celular, hasta van a baño con él. La tecnología debe estar en función del hombre y no al revés”, concluye.

Parece ser que resistir no es fácil. El periodista Fernando, quien trabaja en la Defensoría del Pueblo, relata por qué no tuvo uno hasta hace diez meses, cuando un amigo le regaló el aparato. “El celular te quita mucha privacidad. Tengo tres o cuatro direcciones de mail, tengo teléfono en casa, en el trabajo… Cuando no estoy en ninguno de esos lados, no quiero que me encuentren”, cuenta. Fernando es de los que apagan el celular a la noche, no responden mensajes de texto innecesarios y sólo gasta una tarjeta de $20 pesos por mes a la que le sobra saldo. No va con él eso de “andar exhibiendo el celular en la cintura como carta de presentación para ver quién lo tiene más chico”.

Aquí están, éstas son algunas de las personas que no usan celular o sólo lo utilizan en contadas ocasiones. ¿Habrá que sacarles una foto por si en un futuro entran en vías de extinción?

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