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Alfredo Casero: «Busco la libertad de un modo desesperado»

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en febrero 3, 2007

Se alejó de la ciudad y se fue a vivir a un campo de San Luis a cultivar alfalfa. Cuenta por qué no hace televisión. Habla de sus hijos, de su ego y de su fama de conflictivo. Se acaba de reeditar su libro «Un tranvía llamado Vaporeso».

El Corsa no es muy viejo pero está baqueteado. Estaciona en la calle Paraguay, Palermo. Invita a subir, pone primera y dice: «Vamos a comer un cacho de tira». Elige una parrilla de Parque Patricios, muy cerca de donde tenía un taller a mediados de los 70, Pedro Echagüe (hoy Cátulo Castillo) entre Deán Funes y La Rioja. El taller se llamaba Imperio, Casero era electromecánico y no soñaba con las alucinantes noches del Parakultural.

Dobla en Bulnes, toma Corrientes, vuelve a doblar en Jean Jaures cuando se cruza, como un fantasma, Enrique Symns. Casero saca medio cuerpo, grita ¡¡¡Symnssss!!! pero el Bukowski argentino no escucha y entra a un bar.

Viajar con Casero tiene algo de aventura. En ese sentido, habrá que decir incluso que lo de Casero no es ni el humor, ni el drama, ni la música. Lo suyo es la aventura. Desde mayo del año pasado vive en una chacra, cerca de Villa Mercedes, San Luis. Se levanta a las ocho de la mañana y le dedica todo el día al cultivo de la alfalfa. Por eso, a la altura de Directorio, hablará de alambre de fardo, de la alfalfa orgánica y de la hormiga negra. «Me acuesto a las once de la noche. Estoy solo, con mi socio. Me gusta. Ando con el tractor, yendo de aquí para acá».

Acaba de llegar del campo. Hizo más de 800 kilómetros y se lo ve hiperactivo. Recién en la parrilla, frente a «un cacho de tira», unos chinchulines, morcilla y ensaladas varias, se relaja. Habla de sus hijos (Guillermina, 23; Nazareno, 20; Minerva 7) con un orgullo impetuoso. «Están encaminados: Guillermina me acaba de hacer abuelo; Nazareno pasa un momento bárbaro y Minerva es un petardo. Va a un colegio japonés y está recopada con el idioma. ¿Si no los extraño en San Luis? No. No somos pegotes. Cada uno está enfrascado en su batalla personal y me gusta que sea así».

¿Por qué te fuiste a vivir al campo?

Surgió la posibilidad de comprar el campito y bueno… Pregunté: ¿qué se puede hacer? ¿Cultivar alfalfa? Vamos adelante, entonces. Necesito estar en contacto con la naturaleza, poniendo postes, trabajando con el cemento. Vivo en un rancho, y estoy construyendo.

Dejaste el mundo del espectáculo…

Qué sé yo… Todo forma parte de un hecho artístico. La vida es una obra de arte. Yo creo que soy un renacentista. Creo que puedo hacer de todo. Todo me interesa. Okey, jockey no puedo ser… Estoy descansando de la tele. Es un medio raro. Ahí uno alquila el alma. Y ahora no tengo ganas.

¿No estabas viviendo en el sur, en Puerto Madryn?

Sigo teniendo la casa. Pero no sé qué voy a hacer. Perdí la tranquilidad. ¿Sabés que hay gente que viene a sacar fotos a mi casa, como si fuera un atractivo turístico?

¿Estás enojado con la televisión?

No, pero yo ya no veo más tele. Prefiero YouTube. Gran Hermano, Tinelli… Bueno, la gente querrá eso.

Vos también hiciste algunos programas pobres… Aquel de preguntas y respuestas, «A todo culorr», que fue debut y despedida…

Es que yo creo que puedo hacer de todo… y no. Es una forma de libertad, ¿no? Yo busco la libertad de un modo desesperado. El de preguntas y respuestas, Uno contra todos, me contrataron, me dijeron que querían mejorar el formato y lo intenté. A todo culorr, en fin, me llamaron para hacer exactamente eso. Yo dije que no iba a funcionar. Además, el programa estaba pensado para salir a las diez de la noche y salió a las doce. Igual no me puedo quejar: me dieron todo lo que pedí. ¡Hasta pedí un elefante y me lo trajeron! Pero no lo acepté: no me gustó, era un elefante viejo.

Se dijo que te habías peleado con medio mundo…

Soy terriblemente hinchapelotas, pero no me peleo. Se dijeron muchas cosas: que ni los técnicos se habían reído, que qué sé yo. A mí me sirvió para un montón de cosas: entre ellas, que puedo hacer un programa de humor.

¿Te sentís omnipotente?

En este instante, Casero se queda pensando un largo rato. Sin embargo, no deben haber transcurrido más de diez segundos cuando lanza una catarata de ideas más o menos caóticas: «Para poder renacer hay que morir. Poder hacer de todo es una muestra de libertad. Poder, poder. Está bueno poder Tengo un ego. Si no existiera el ego no existiría el arte. Cuando ando con el ego muy suelto, mis amigos me pegan un cachetazo. Tengo una vida simple. Soy un personaje barrial. Me declaro no leído, me declaro un ignorante».

Ese es el Casero real, el de la verba a borbotones. Se acerca una mujer y lo saluda. Casero se muestra amable y hasta interesado en la historia de la señora. Se sirve un poco de soda del sifón: parece el Batman que hacía en los tiempos de Cha cha cha, que tomaba fernet con soda. «Es que yo soy Batman», dice, serio, Casero, cuyo alter ego es el doctor Vaporeso. «Todo lo que soy se lo debo al doctor», dice. Se acaba de reeditar Un tranvía llamado Vaporeso que firman Alfredo Casero y Cristopher Sarrasani. Ese libro, dice el actor, es lo más importante que hizo en la vida. «Lo saqué en el 94, fue mi ingreso a la adultez. Ahí está reflejado todo lo que pienso. Las enseñanzas de Vaporeso me guían y todo forma parte de algo muy grande que llamo Casero Experimendo. Tiene que ver con lo que estuvimos hablando: la libertad, la búsqueda, la zanahoria de la vida, los hijos, el ego».

¿Por qué creés que «Cha cha cha» es tan recordado? Nunca lo pudiste superar…

No lo sé. Era bueno, eh.

Hay una canción del último disco de Jaime Roos que dice: «Frescura no rima con sabiduría»…

Es genial esa frase. Totalmente. Es así. Cha cha cha era buenísimo; ahora soy más sabio.

Dice que en abril va a sacar un nuevo disco. Dice que quiere realizar una serie de disertaciones y shows por las universidades del país. Dice tantas cosas Casero frente a un chinchulín. Que hizo la misa por Racing («si la hubiese hecho Andy Warhol todavía se estaría hablando de él») y que es amigo de Daniel Lalín («¿y qué?»). Que adora a Teté Coustarot y que está enamorado de Pinky «porque se parece a mi mamá». Que Nazareno es un actor impresionante: «cuando cumplió 16 años yo estaba haciendo Sólo para entendidos con Alakrán. Lo agarré y le dije: Ya sos grande. Hacé tu vida. Hacé tu carrera. Tené tu representante Y me cagó. Es un actorazo». Que se va de vacaciones a Japón: «me encanta caminar por Tokio, ir al Mercado Central. Voy solo, sin mi mujer. Paro en casa de amigos, me hacen entrevistas en radios, la paso fenómeno».

Con fama de erizo, de autoritario y de tantas cosas más, Alfredo Casero, clase 63, se muestra dócil y reflexivo. «Tengo el cerebro dividido en dos: una parte es material, la otra espiritual. Se arman terribles luchas entre las dos partes. Yo contemplo la lucha, y la entiendo. Porque soy un artista de varieté, pero antes que nada soy un guerrero».

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