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ENTREVISTA A MARIA VALENZUELA Y MALENA MENDIZABA

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en febrero 7, 2007

Nuestra familia es un gran rompecabezas»


Madre e hija hablan del intenso vínculo que las une, del amor y los hombres. Parecidos y diferencias de dos mujeres muy valientes.

¿Cómo describirían esta relación?

María: Estamos muy unidas y compartimos muchas cosas. Por ejemplo, en este momento, mi laburo. Recibo contención de Malena para no volverme loca.

Malena: Somos muy compañeras.

¿Es una relación independiente o simbiótica?

María: Empezó a ser más independiente a partir de que tomamos la decisión de que Malena viviera sola.

Malena: Ella tomó la decisión (risas). Mi mamá me dijo «estuve pensando, estaría bueno que no estuviéramos tan pegadas». Yo le dije «no, ¿vos pensás que me vas a echar? Cuando me vaya va a ser una decisión mía». Después fui a terapia y me di cuenta de que lo que me decía, estaba bueno.

María: Esto surge al saber que Malena ya no corría riesgo con respecto a su enfermedad (N. de R.: sufrió un aneurisma cerebral hace cuatro años). Sentía que había una simbiosis. Para que ella tuviera su propia vida y yo recuperara la mía.

Hay madres e hijas que tienen vínculos inestables: épocas en las que se hablan, otras en las que no…

María: Eso pasó cuando ella era adolescente. Pero compartimos un hecho significativo en nuestras vidas: el contacto tan cercano con la muerte. A partir de ahí, nunca una mala contestación.

¿Qué edad fue la más conflictiva?

Malena: 13, 14 años.

María: Me hacía frente la chica y ahí tuvimos mayor choque.

¿Se gritaban?

María: Yo siempre grito (risas). Es una manera de expresarme.

Malena: Es medio orgullosa.

María: En mi trabajo hay que ser orgullosa para seguir adelante.

Malena: Es cabeza dura. Yo también.

Tu mamá te cuidó mucho, vos, cuando no la vez bien a ella, ¿qué hacés?

Malena: La llamo, voy a verla, le compro algo.

María: Recibo mucho mimo cuando estoy angustiada. Ella me calma con la palabra, el consejo, un beso, un regalito. Está pendiente de mí, me manda mails diciendo cosas maravillosas. Me hace llorar. Lloro de amor.

¿Es complicado estar tanto tiempo juntas?

Malena: Yo respeto la intimidad de mamá y también me gusta que ella respete la mía. Compartimos una gran virtud y es que las dos respetamos los silencios.

¿Qué hacés cuando la ves a Malena angustiada?

María: Estoy sobre ella, veo qué le pasó. Hablamos mucho.

¿Cómo viven tus otros chicos este vínculo intenso?

María: No hay celos. Ellos tienen 15 y 17 años, son varones, están en una etapa difícil. Entienden perfectamente nuestra relación.

¿En qué son opuestas?

María: Malena es más sociable, me saca de mi techo cavernícola. Y es mucho más agradable que yo, absolutamente (risas). Después somos parecidas.

Malena: Nos encanta el cine. Vemos cuatro películas por día.

María: Y nos encantan las cartas, le gano siempre. Jugamos con los chicos. La familia es un gran rompecabezas, los rompecabezas se arman también (risas).

¿Por qué está cada día más linda tu mamá?

María: Porque está mejor de la cabeza (risas).

Malena: Además de eso, porque se está cuidando.

María: Recuperé la silueta. Recuperé la tonicidad con el baile, me dan ganas de ponerme otra ropa.

Malena: A mí me pasó cuando me levanté de la internación y me vi en el espejo: estaba pelada y pesaba 36 kilos. Cuando pasó el tiempo, engordé mucho. Un día dije: «Basta» y recién ahora, me veo bien en el espejo, me gusto.

¿Comparten la ropa?

Malena y María: Sí.

Malena: Es que vos no usás ropa de mujer de 50. Usás jeans, zapatillas. Yo también, jamás en mi vida tacos, mamá tampoco.

¿Y comparten el gusto sobre hombres?

María: Coincidimos. «Qué bueno está, mamá, qué fuerte». «Totalmente, Malena».

¿Te gustaría que tu mamá se volviera a casar?

Malena: Me encantaría, verla bien me hace bien.

María: No me gustaría volver a convivir, pero sí volverme a enamorar. Para compartir una comida, una película, un viaje: un compañero. Hace bastante que estoy sola. Ahora sin sentido del humor, no atraviesa el umbral.

No dijiste un compañero nada más, dijiste «enamorarme».

María: No enamorarme locamente, sino admirar. No sé si quiero que me mueva el piso o sentir mariposas en la panza.

Malena: Es lindo eso.

María: Pero vos tenés otra edad, Malena, yo tengo 50. Ya lo viví.

Además las mariposas en la panza, duelen.

María: Sí, no son muy sanas. Desconfiaría de las mariposas a esta altura de la vida.

¿Qué hombres te gustan Malena, los de tu edad o los de 30 ó 35?

Malena: Mis novios tuvieron mi misma edad. Jamás me podría enganchar con uno de 40 ó 50. Tengo amigas que salen con hombres de 40… Para mí es raro, no es asco, pero es raro.

María: Yo miro al hombre en general y después pregunto la edad (risas). ¡Siempre son más jóvenes! Pero un cincuentón bien mantenido, no estaría mal. Como yo, bien mantenido, con una linda imagen. Decir «éste de pendejo la debe haber roto» (risas).

Los de 50 y pico tienen panza.

María: La panza está admitida.

¿Calvo?

Malena: Una cosa es un pelado y otra un hombre que se pela.

María: Con un calvo me parece que no. No sé.

¿Preguntás la edad?

María: Sí, y últimamente han sido menores que yo.

¿Te imaginás el momento en que Malena forme una familia?

María: Es lo que más deseo. Que le llegue alguien bueno, que esté feliz, enamorada y el día de mañana, tener nietos.

¿Estás de novia Malena?

Malena: Estoy sola pero esperando. No lo busco, lo espero.

¿Cómo es «ése» que estás esperando?

Malena: Alguien que me haga reír.

María: Que te sorprenda, que te mime, que te cuide.

Después de la enfermedad, ¿qué cosas dejaron de ser importantes?

Malena: Todo. Para que me preocupe tiene que ser algo grave.

Todo cambió de lugar.

Malena: Cambia todo… Los gustos, las amigas, la forma de vestirte, el pensamiento. Soy otra Malena, literalmente.

¿Te queda más cómoda esta Malena?

Malena: Sí, es más relajada.

Y a vos, María, ¿qué cosas te dejaron de importar y qué cosas te importan más ahora?

María: (Piensa). Los miedos se intensificaron, no sólo por Malena, sino por mis otros hijos. Hay momentos en los que estoy más sensible y siento pánico sin saber por qué. Y también tengo una personalidad a las que ciertas cosas le sacan de quicio. Sobre todo, en mi trabajo. Parece que no está claro el lugar que ocupo.

¿Por qué?

María: Yo soy muy sola. No tuve un séquito, no voy a estrenos ni a boliches; mi carrera no se ha hecho con escándalos. Yo pretendo que se me valore por mi laburo y los productores piden un extra que no me interesa. Todavía tengo que decir «Ey, tengo 43 años de profesión».

¿Por qué te angustia si sos muy popular?

María: Sí, pero con los productores tengo que pelear el lugar. Es injusto, desgastante. Después de tantos años, debería estar más relajada, pero hay mucha presión, entonces no te podés relajar… ¿Quién se puede relajar?

El que toma psicofármacos (risas).

María: Se relaja el que cosechó algún par de palos verdes.

O Malena que enfrentó una situación límite y modificó sus valores.

María: Sí, es lindo verla. Pero incorporarlo para mí es muy difícil.

El desafío es que todos tengamos su mirada, que podamos vivir más relajados.

Malena: Antes del derrame iba a la facultad, me mataba estudiando, había noches que no dormía. Después del derrame, cuando empecé a estudiar de nuevo, dije «si me va mal, no pasa nada». La vida se trata de otra cosa.

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