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El astro del rock político

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en febrero 8, 2007

Es la gran promesa demócrata. Su nivel de celebridad está a la altura de Ophra Winfrey o Michael Jordan. Podría ser el primer presidente de raza negra de los EE.UU., aunque para eso deberá dejar en el camino a una rival difícil: Hillary Clinton.

DEL ESTADO DE SUPERMAN. Barack Obama es senador por el Estado de Illions, el mismo en el que «vive» uno de los más famosos superhéroes del planeta.

APOYO DE HOLLYWOOD. George Clooney sigue con atención un discurso de Obama. Varios gigantes de la industria cinematográfica ya están de su lado.

CRITICO. Barack Obama da un discurso ante los veteranos de guerra, en Illions. Su ferviente oposición a la política norteamericana en Irak le suma puntos.

 Sonriente, prolijo, carismático. Así luce –y seduce- en las fotografías de diarios, revistas y portales de Internet, el popular senador afroamericano y candidato por el Partido Demócrata, Barack Obama. Con sólo 45 años, el joven gladiador representa la primera oportunidad real de que alguien de raza negra llegue a ocupar la presidencia de los Estados Unidos en 2008. Y a juzgar por el significado de su nombre -Barack quiere decir «bendito» en Swahili, el idioma nativo de Kenia- por qué no pensar en Obama como el próximo vencedor en la arena política estadounidense.

Para muchos, Obama es un mix perfecto entre dos leyendas del país del norte: John F. Kennedy y Martín Luther King. Aparece como un cambio esperanzador, al menos cuando lanza los dardos contra la ocupación militar en Irak. «He comprobado cuán hambrientos estamos todos de otro tipo de política», sostuvo Obama. Todo, siempre, con espléndida sonrisa y excelente capacidad oratoria.

Barack Obama nació en Hawaii el 4 de agosto de 1961. Hijo de una madre blanca de Kansas (USA) y un padre negro de Kenia (África), se crió fuera del territorio de Estados Unidos. Sus padres se divorciaron cuando él tenía apenas dos años y luego, a los seis, viajó a Indonesia con su madre. A los 10, volvió a Honolulu con sus abuelos maternos, donde vivió hasta completar sus dos primeros años de universidad. Recién a los 19 se mudó a Nueva York para estudiar relaciones internacionales en la Universidad de Columbia.

Por esos días, también se dedicó a trabajar en un grupo de iglesias que intentaban mejorar las condiciones de vida en los barrios pobres golpeados por el crimen y el alto desempleo. Más tarde, se radicó en Boston para estudiar en la Escuela de Derecho de Harvard. El título de abogado llegó con honores a los 30 años, cuando obtuvo otra satisfacción: la de ser la primera persona de raza negra en presidir la Harvard Law Review. Después regresó a Chicago, donde trabajó en un buffet de abogados dedicado a la defensa de los derechos civiles; allí conoció a su esposa, Michelle –también abogada-, y fue profesor en la Universidad de Chicago.

A partir de ese momento su figura creció y ganó popularidad. La suficiente como para obtener una banca en Washington como senador demócrata por Illinois en 2004 y convertirse en el único congresista de color. Y el tercer afroamericano de la historia de su país en llegar al Senado, donde pudo elevar su perfil y convertirse en una de las «10 personas que podrían cambiar el mundo«, según publicó un diario británico en octubre de 2005. Entre otros apodos, lo llaman «el JFK negro», «la nueva cara», «reluciente estrella en el cielo demócrata», «astro del rock político» y hasta «un hombre por quien el mundo se ha vuelto loco».

Político superstar

Además de ser un fenómeno de masas, Obama es también un autor superestrella de libros. Dreams of my father: a story of race an inheritance (Sueños de mi padre: una historia de raza y herencia) y The audacity of hope (La audacia de la esperanza), dos de sus biografías, comparten la virtud de transformarlo en lo que es hoy. La gente espera horas para escuchar sus discursos en actos políticos o universidades, conseguir sus libros autografiados o simplemente captar su carisma en vivo y en directo. Quieren estar cerca del hombre que no dudó en confesar que fumó marihuana y fue seducido por la cocaína. «Era un drogadicto, me volaba para tratar de responder a la pregunta de quién era yo», escribió.

Otro de sus logros mediáticos llegó con un texto de Sueños de mi padre en la edición de audiolibro, trabajo por el que ganó un Grammy en la categoría de «palabras habladas» en 2005. También fue tapa de las publicaciones semanales más importantes de los Estados Unidos. En octubre de 2006, la revista Time lo definió como una celebridad de la talla de Tiger Woods, Michael Jordan y Ophra Winfrey.

Hillary y Barack

Aún cuando falta todavía mucha «tela para cortar» hasta las elecciones de noviembre de 2008 –y cuando se hace más evidente que los demócratas tienen posibilidades de reconquistar la presidencia- Obama es la gran sensación de la precampaña. Un mulato exitoso, carismático, que apura sin duda los pasos de su contrincante demócrata, la senadora y ex primera dama Hillary Clinton.

Pero ¿cuál de los dos se ajusta más al modelo del sueño americano? ¿Sería mejor apostar por una mujer con más experiencia en temas sociales? ¿O elegir un político afroamericano –crítico de la política exterior- todavía no contaminado por la atmósfera de Washington?

En la búsqueda de respuestas, la industria del entretenimiento –una de las fuentes financieras más importante de los candidatos a presidente demócrata- reparte simpatías. La legendaria Elizabeth Taylor ya dio a conocer su apoyo a Hillary, porque –como dijo- le gusta como piensa. Y, en el caso de Obama, tres de los pesos pesados de la industria de Hollywood, Steven Spielberg, David Geffen y Jeffrey Katzenberg, ya organizaron una recepción en su honor para el 20 de febrero, donde se espera a unas 700 personas, a un precio de 2.300 dólares por cabeza. Los fondos son para el comité exploratorio del senador de Illinois.

A diferencia de Hillary, Obama llega con aires y mensajes de renovación. Y lanza la incógnita de pensar cómo serían los Estados Unidos bajo el gobierno de un afroamericano reformista, alguien que denigra la estructura de las campañas electorales porque «recompensan sólo los ataques negativos». Y que da prioridad al sentido común por sobre la ideología porque –dice- «se pueden reconocer los méritos de las ideas que no son propias, algo que a los políticos les cuesta mucho hacer»

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