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Thelonious Monk: no habrá ninguno igual

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en febrero 17, 2007

Hoy se cumplen 25 años de la muerte de uno de los fundadores de un género fundamental, el Be-Bop. Fue el más grande pianista de jazz moderno. Una oportunidad para repasar su truculenta vida y su obra inusual.

AL PIANO. Un instrumento con el que acompañó a grandes como John Coltrane o Miles Davis.

En 1968 el sello Columbia lanzó un disco de Thelonious Monk con Charlie Rouse en saxo tenor, Larry Gales en contrabajo y Ben Riley en batería, además del vocalista Jon Hendricks en una única banda. Se llamaba Underground; en la portada Monk nos observa desafiante desde el piano, con un fusil al hombro, rodeado de explosivos y media docena de botellas.

En 1968 Monk era tal vez la figura más reconocida y venerada del jazz moderno, aunque no era ilógico promocionarlo como terrorista anti-sistema: Monk representaba la coherencia incorruptible y el radicalismo estético, aun cuando ese radicalismo no lo llevara por el camino del free jazz ni lo desviara de las formas madres del blues y del song.

Thelonious Sphere Monk nació en Carolina del Norte en 1917 y murió hace exactamente 25 años, el 17 de febrero de 1982 en New Jersey, ya alejado profesionalmente de la música, aquejado por problemas de salud y en el mutismo más absoluto. Tomó las primeras lecciones de piano a los diez años, aunque empezó a tocarlo por su cuenta mucho antes. De adolescente solía acompañar a su madre, cantante de iglesia baptista, al piano o al órgano. En los años 40 se asoció con Kenny Clarke e hizo su ingreso en el mítico Minton’s de Harlem —cuna del bebop y el jazz moderno— en una banda completada por Clarke en batería, Joe Guy en trompeta, Nick Fenton en contrabajo y eventualmente Charlie Christian en guitarra.

En 1946 tocó con la big band de Dizzy Gillespie y en 1947 grabó sus primeros discos para la serie Blue Note, con acompañantes como Art Blakey en batería, Kenny Dorham en trompeta, Sahib Shihab en saxo alto y Milt Jackson en vibráfono. Esas primeras grabaciones cautivaron al ambiente musical por un estilo pianístico completamente original y por la rarísima belleza de temas como Misterioso, Ephistrophy, Criss-Cross, Straight no Chaser, Ruby my Dear, entre otros.

El genio monkiano significó, entre otras cosas: la creación de un sonido único en el piano, que sólo una visión superficial podría considerar técnicamente limitado; un fraseo perfectamente lógico pero plagado de desplazamientos, vacíos y detenciones, que el puro concepto de “swing” no llega a captar; un sentido de la variación desarrolladísimo pero a la vez muy horizontal, siempre muy apegado a la melodía; uno de los más grandes talentos compositivos de todo el jazz: tanto en el formato del blues, la canción, los temas de naturaleza instrumental (como Criss-Cross o sus eventuales invenciones sobre una nota), como en Thelonious.

Podría pensarse que Thelonious Monk comparte con el pianista Bud Powell cierta paternidad del jazz moderno, aunque en un sentido más filosófico que estilístico. El personalísimo estilo de Monk no tuvo seguidores directos (generalmente se habla de escuelas pero tal vez convendría hablar de mentalidades: en cierta fragmentación melódica de Chick Corea, por ejemplo, puede reconocerse una mentalidad monkiana, aunque los medios técnicos de Corea tienen una apariencia más desarrollada).

Monk tuvo una carrera un tanto accidentada. En 1951 fue arrestado por tenencia de drogas y se le retiró el permiso de trabajo hasta 1957, una época económicamente desatrosa apenas mitigada por la generosidad de la baronesa Pannonica de Koenisberg (y que Monk retribuyó en el título de una de sus piezas).

Tampoco el reconocimiento de su talento fue inmediato. Como señala Martin Williams: “El redescubrimiento de Thelonious Monk a finales de los años cincuenta es, sin duda, un hecho curioso en la breve historia del jazz. La prensa especializada, que había descartado previamente sus grabaciones con dos o tres desdeñosas estrellas, empezó a mostrarse entusiasta a la más mínima provocación, incluyendo su nombre en las listas de popularidad, cosa que había sucedido muy pocas veces antes (…) Y un público que apenas había oído hablar de ese músico de nombre intrigante, pronto empezó a comprar sus discos y asistir a sus actuaciones (…) Es adecuado decir que algo tan inusual en el jazz como un descubrimiento tardío sólo podría haber sucedido con un hombre tan inusual como Monk.”

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