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Tom Jones fue fiel a su mito

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en febrero 17, 2007

 Presentación de Tom Jones , con Brian Randall Monroney, guitarra y dirección; Michael Mennell, bajo; Frank Strauss, teclados; Herman Matthews, batería; Kenneth Anderson, saxo; Peter Olstad y Kevin Richardson, trompeta; Michael Turnbull, trombón y Sharon Roach, Darelle Foster-Holden y Kai Jaye Reynolds, voces. En el Luna Park. Próxima función: hoy, a las 22, en el hotel Conrad, Punta del Este.
Nuestra opinión: bueno

Si Tom Jones fuera un futbolista se iría aplaudido por su gente cada domingo. A sus largos 65 años, el galés es un jugador de toda la cancha que se mueve constantemente en escena, entrega cada uno de sus clásicos movimientos y ademanes y transpira la camiseta como pocos.

¡Y vaya si la transpira! Después de un puñado de temas, se quitó su saco negro y mostró su camisa de seda mojada. Eso sí, no se permitió ninguna distracción ni se alejó del escenario para un cambio de vestuario: la camisa se empapó, comenzó a expedir agua y su dueño se limitó una y otra vez a repetir el más recurrente de sus tics: quitarse la transpiración de la cara y observarse su palma derecha. La primera fila de la platea, agradecida.

Cada canción finalizó con un giro violento de brazos, con un saludo propio de campeón mundial de boxeo que sabe que tiene a su rival en la lona y al público a sus pies. De los bares de obreros en su Gales natal hasta los shows en los hoteles de Las Vegas, este cantante que conserva su voz en buena forma se mantiene fiel al libreto aprendido en casi cinco décadas de trayectoria, aún a riesgo de caer en anacronismos. A través de su dilatada carrera, el hombre ha paseado por una buena cantidad de estilos, incluso quiso refrescarse a partir de la década del 90. Y anteanoche intentó mostrar toda su versatilidad, pero si en la variedad está el gusto, también allí habita la dispersión.

Ante un público adulto y devoto -al que habitualmente los productores no tienen en cuenta cuando piensan en los artistas anglosajones que desean y pueden traer- , Tom Jones supo de entrada, pasadas las 21.30, que no era difícil conquistar a un Luna Park colmado. Decenas de fans sorteaban al personal de seguridad en los pasillos de la platea y se acercaban al borde del vallado para sacar una, dos, tres y mil fotos. La oscuridad permitió que algunas figuras públicas también se desprendieran un rato de su investidura para cantar y bailar sin complejos, como el vicepresidente Daniel Scioli y su esposa, Karina Rabolini.

De variedad hablábamos y la misma que propuso constantes cambios de clima cada dos o tres temas fue la responsable de algunos segmentos flojos. Así las cosas, el Jones que se lució con un comienzo dedicado al rhythm and blues (comenzó con “Raise Your Hand” y, sin pausa, arremetió con “Help Yourself”) fue el mismo que no logró emocionar a la hora de los standards, como “That Rainy Day” y “Fly Me To The Moon”. Pero el bueno de Tom tiene tantos clásicos como un mago conejos en su galera, y los fue diseminando a lo largo de la hora y media de concierto.

Viejos y nuevos clásicos

Con precisión matemática, este amigo de los grandes entregó sus interpretaciones más recordadas -y celebradas- cada cuatro canciones, incluso unió de a dos algunas de ellas para producir las ovaciones más sostenidas de la noche. Con “Delilah” cayó sobre el escenario el primer corpiño de la noche y, acto seguido, devino “She s a Lady”. ¿Ropa interior? Sí señores. Igual que nuestro Sandro, Tom Jones enciende a las mujeres y ellas participan del juego regalándole sus prendas íntimas. Como dos señoras mayores que se ayudaron mutuamente para arrimarse al escenario y lanzarle su regalito. En cambio, un caballero de la platea tuvo otro obsequio para el cantante, una gran bandera de Gales.

De “End Of The Road”, de Howlin Wolf, a “Treat Her Right”, de Van Morrison, Jones reservó un lugar para el blues en el primer tramo del concierto y para las baladas en la segunda parte, como “I ll Never Fall In Love Again” (clásico de Bacharach, y con la platea de pie) y “Green Green Grass Of Home”, canción inmortalizada por Elvis Presley.

Con una gran banda de once músicos, compuesta por una sección de vientos de dos trompetas, trombón y saxo más dos voces femeninas y una masculina, bajo, batería, teclado y guitarra, Jones sólo debió ocuparse de hacer su show, de quitarse una y otra vez la transpiración … y de tratar de no caerse en el charco que su sudor produjo. De la decena de imágenes que dejó para que el público comente a la salida hay una increíble: Jones cantó “That Rainy Day”, abrió los brazos y de sus mangas se desprendió una lluvia.

Para el segmento final, el cantante eligió reunir a sus hits cosecha siglo XXI, como “Sex Bomb”, con su primer éxito comercial, “It s Not Unusual”, además de los temas que lo devolvieron a los primeros planos en los 90, como la canción de los australianos Body Rockers, “I Like The Way” (en formato electrónico, con el guitarrista en programación… ¡E imitando todos los tics de los DJ!) y su versión del tema de Prince, “Kiss”. Ese final sorprendió a todos bailando, incluso a los maridos que fueron a acompañar a sus esposas y que, al comienzo, se mostraron distantes. Desde el escenario, el cantante dio una señal inequívoca: no está dispuesto a retirarse, es más, hay Jones para rato. El riesgo, tal como sucedió anteanoche en el Luna, es que la elasticidad del repertorio destiña la propuesta y provoque cierta distracción en el público.

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