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JULIO BOCCA REPORTAJE QUE SERÁ HISTÓRICO Y LA MEJOR FOTO!!

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en febrero 4, 2007

Julio Bocca: el año del hasta siempre

A punto de cumplir 40 años, el más prestigioso bailarín que ha dado la Argentina se despide de la escena con una gran gira… y con el mundo a sus pies. Aquí, una entrevista en París

 Estaba anunciado en todos los diarios franceses. Le Figaro hablaba de “los adioses de la escena de Julio Bocca, el bailarín más brillante de su generación”. No es Marlon Brando en Ultimo tango en París, aquella película de Bernardo Bertolucci que hizo historia por la crudeza de la relación entre un hombre y una mujer.

Pero es Bocca Tango. Desde Broadway hasta Europa, desde Japón hasta Moscú, todos buscan descubrir el erotismo del tango. Bocca lo exalta y con Cecilia Figaredo crean momentos en que juntos duelen de tanta sensualidad, tanto erotismo al filo del éxtasis. Con Balada para un loco, de Astor Piazzolla, con coreografía de Ana María Stekelman, al público francés del teatro Casino, de París, se le caían las lágrimas.

La estrella del American Ballet tiene la cabeza llena de coreografías –confiesa– y quiere parar. Pero todavía falta. Todavía le faltan muchos ensayos como el que vimos en la sala del teatro de la Rue de Clichy. Asistimos a una master class que dio junto con seis bailarines, dirigido por su maestra, Karemia Moreno. Porque Julio Bocca no viaja sin profesor. Todos los días de su vida toma clases.

 Obedece, ensaya, practica los pasos. Lo esperamos a un costadito de la sala y fuimos caminando con él hasta su hotel, a tres cuadras del teatro. Pide un té verde o un té de manzanilla; “el té común me cae pesado”, aclara. Después de todas las funciones que hizo y de todas las que le esperan, después de un viaje relámpago a Madrid, después de horas de ejercicios en la barra, después de todo esto, se instala a conversar.

Porque Julio Bocca es una persona, no es un personaje. Tiene todos los síntomas palpables de un ser humano y se dispone a reflexionar acerca de su vida. Es impresionante la cantidad de mecanismos que Bocca tiene preparados contra la vanidad.

–Me cuesta pensar en que vas a dejar de bailar. Físicamente estás impecable. Estás bello, entrenado.

–Tengo que estar controlando si me duelen la cintura, las rodillas, el pie o la pantorrilla. Tengo que ir anestesiando mentalmente cada zona: “No duele, sigamos adelante aunque moleste”. Y una cosa es hacer eso para una sola función –que es además cuando yo disfruto, cuando lo paso bien– y otra es hacerlo todos los días, una situación que ya no me da placer. No sólo entreno a la mañana, sino también antes de la función para calentar. Entonces, hay que sumar: casi doscientas funciones por año, dos barras por día, más los calentamientos, etc.

–¿Podrías elegir un repertorio menos exigente?

–El problema no es el repertorio, sino lo que te señalo: el entrenamiento diario tengo que hacerlo igual. En Bocca Tango estoy más suelto, más relajado, con pantalones y no con la malla apretada. La malla me obliga a rendir al máximo todo el tiempo. Además, los ballets completos son de casi tres horas.

–Igual cuesta imaginarte sin bailar. ¿Por qué retirarte?

–Porque me siento pleno, estoy bien con lo que hice. No me estoy sintiendo mal por la decisión que tomé. Al contrario, estoy cada vez más seguro, más contento.

–¿Este es un momento personal feliz?

–Sí, estoy feliz. Porque hice más de lo que pensaba, llegué a donde nunca me imaginé que llegaría, me mantuve –porque fueron muchos años: el mantenerse es la parte más difícil–, y llegué al final así.

–Sin dar pena.

–Y sin darme yo pena, sin sentirme mal arriba del escenario. No me gusta esa sensación, sentir que me cuesta tal cosa o tal otra. Por eso también hay obras que fui dejando atrás hace un tiempo porque ya sentía que me costaban. Quizá las pudiera hacer, con otra actitud.

–Eso lo hicieron muchos grandes.

–Pero no es para mí. No me gusta.

–Tu argumentación es muy sólida, pero ¿cómo te imaginás retirado?

–Es que no me imagino nada. No quiero imaginar. Justamente, quiero descubrir cómo es eso: por una vez, vivir sin tener que programar. Sin saber que al día siguiente tengo que dar clases, tengo un ensayo, tengo que dar una nota, tengo que viajar. He vivido, en general, sabiendo con dos años de anticipación lo que iba a hacer, al menos, qué ballet iba a bailar, qué coreografía íbamos a montar, con qué coreógrafo, con qué compañía, en qué teatro, a qué hora salía el vuelo, a qué hora llegaba, a qué hora terminaban las notas, a qué hora podía comer.

–Estás haciendo una enumeración tan minuciosa que casi agota oírla.

–(Sonríe). Bien, hoy ya sé que no quiero eso.

–Estás pensando en una vida de feriado.

–Una vida normal, te diría. Sé que suena raro, porque toda mi vida fue normal. Pero me refiero a otra forma de vida.

–¿Hay entre bailarines y actores algo que sea así, que tenga este dibujo que trazás en tu cabeza?

–Hay varias personas, pero en particular dos bailarinas que me llaman mucho la atención. Una es Natalia Makarova y la otra es Cynthia Gregory. Las dos, hacia los cuarenta y tres o cuarenta y cuatro años, se retiraron. Siguen haciendo coreografías, dirigen, dan clases, cursos, son jurados, es decir, se mantienen relacionadas con la danza, pero no arriba del escenario tratando de bailar. Lo mismo se puede decir de Alessandra Ferri, que se retira también este año. En cambio, cuando se habla de Maia Plisetskaia, la pregunta es por qué siguió tanto tiempo, y esto último –a mí, personalmente– no me gusta. Quieras o no, la edad te afecta y se nota.

–¿El futuro estaría detrás del escenario?

–Sí. Me gusta dirigir. Tengo el ballet, tengo la escuela, y tengo también la Fundación. Tengo cosas que hacer. Pero primero quiero dedicar un tiempo a no hacer nada. Quiero limpiarme la cabeza de coreografías. Hay entonces algunas cosas que tengo que ir dejando en el pasado, como para estar fresco de nuevo, rejuvenecido.

–En la master class que acabo de presenciar, me gustó verte con tu maestra…

–Tener un maestro es algo que a mí me ayudó mucho. Siempre viajé con un maestro a todos lados, aunque a veces perdía dinero porque, al comienzo, lo que ganaba me alcanzaba para pagar el hotel, el viaje y el sueldo de él. Pero necesitaba tener el maestro porque sabía que, terminada la función, él me haría tres o cuatro correcciones y al día siguiente haríamos clases, y limpiaríamos lo que había que limpiar, Y en Buenos Aires tengo a Lidia Zetnik, con quien tomo clases, y ahora a Sara Nieto, la codirectora de mi compañía, que también me da clases. Yo siempre tomo clases.

–¿Quién es la persona cuya opinión te importa?

–Los maestros. Yo respeto la opinión de ellos. Vos presenciaste cómo hoy vino después de la primera función Karemia Moreno y me dijo: “Hoy estuviste bien, pero no como vos podés estar”. Y tenía razón, yo también lo sabía. Esa es la opinión que respeto.

–Tu autoestima ya no está a merced de nadie .

–No. Ya no. Estoy bien, seguro de mí.

–¿Esto tiene que ver con alguna terapia?

–La terapia me ayudó, en principio, para otras cosas. Tiene que ver con cómo va creciendo uno en la vida, tiene que ver con las peleas con Lino (Patalano, su representante)…Uno vive haciendo terapia con uno mismo.

–¿Qué papel juega Patalano en tu vida y en tu carrera?

–Mirá, él pasó de ser un representante a ser un padre y ahora, un socio y amigo. En síntesis, a ser de la familia. Lino fue para mí ese personaje que tuve la suerte de encontrar: alguien que no sólo se ocupara de mi carrera en la parte económica sino también en la parte artística. Cuando tuve mi primera crisis, me dio el número de un psicólogo y me instó a que fuera. Siempre representó una ayuda artística y, además, humana. La carrera la hicimos los dos. El me dio seguridad, me permitió ser conocido. A su vez, yo le di seguridad a él.

Haber entendido que no alcanza con poner el cuerpo, que hay que poner la cabeza, ¿quién te lo enseñó?

–Nunca quise seguir hasta los setenta u ochenta bailando. Supongo que entonces, tal vez inconscientemente, hubo una preparación para cuando tomara la decisión de retirarme: tener otra cosa ya armada y no tener que empezar de cero.

–Es todo un pensamiento estratégico…

–No lo sé. Pero no quiero vivir del pasado. No voy a estar con el álbum de fotos en la mano… Cuando algo termina, ya está, ya pasó. Yo sigo.

–En el programa Bailando por un sueño los jóvenes tienen una ilusión. ¿Cuál era la tuya?

–A mí, lo único que me interesaba era ser primer bailarín del Teatro Colón. Nada más. Yo quería bailar en el Colón, y también sacar el ballet a la calle, hacerlo popular, bailar en una cancha de fútbol. Recuerdo que, cuando llegué de Moscú, Lino me preguntó: “¿Y ahora qué?” Yo le dije: “Ahora podemos hacer Estados Unidos”.

–¿El Colón es una frustración en tu vida?

–(Piensa, quiere responder con el mayor cuidado) No sé. La verdad, no tengo muchas ganas de volver a hablar del Colón. Pero es lo que más me dolió, porque me cerró la puerta. No lo hizo totalmente, pero fue una forma de darme la espalda. Yo estudié y crecí en el Colón. Además, intenté siempre ayudar. Traté de sacar el Colón afuera…

–Es un tema que te incomoda…

–Sí… Sin embargo, este año hay un nuevo director y habló de hacerme un homenaje por ser el último año. Con Lino estamos viendo qué posibilidades hay, y quizás hagamos cuatro o cinco funciones en el Luna Park de El lago de los cisnes completo, con el ballet del Colón y estoy viendo si puedo hacerlo con Paloma Herrera. Volviendo al tema del Colón, quisiera cerrar toda la historia del ballet bien, en todos lados.

–¿Qué compañía te gustaría dirigir?

–Por supuesto, dirigir el American Ballet me fascinaría, aunque me daría mucho miedo porque es un gran peso. Pero ahora necesito terminar un ciclo y empezar otra cosa. Si me ofrecieran dirigir el ballet del Colón, lo pensaría.

–¿Cómo es tu relación con el dinero? ¿Te interesa? ¿Hacés cosas por dinero?

–A veces, sí. Pero sucede que el que paga a los maestros, mantiene la escuela, el Ballet Argentino, los sueldos, los viajes, viáticos, hoteles, publicidad, obras nuevas y demás soy yo. Entonces (se ríe con encanto), si no me entra plata, no puedo mantener todo eso. Pero tampoco soy de esas personas que ganan y se lo guardan. Por ejemplo, invierto en producción y pierdo miles de veces.

–Hagamos una lista de músicos a los que les debés inspiración.

–Te puedo nombrar a varios: Tchaikovsky, Mendelsohn, Piazzolla… Yo amo a ese tipo por la musicalidad, el ritmo, la vida que tiene su escritura. Y entre los jóvenes, uno que me mueve mucho es Lito Vitale. Lo último que hicimos fue Hermano cruel.

–¿Qué cosas te acompañan cuando viajás que te hacen sentir en casa?

–El equipo de mate: termo, bombilla, yerba. Nos juntamos a tomar mate con los chicos. Llevo la compu y mi i-Pod.

–¿Con qué música?

–Mercedes Sosa, los Chalchaleros, Fito Páez, Charly García, La Oreja de Van Gogh. Me gusta mucho la música latina, la salsa, Juan Luis Guerra y Diego Torres. Y uso el sistema que elige una canción de cada uno.

–¿Cómo va a ser vivir sin aplausos?

–No sabría decirte, porque todavía no ha pasado. Puede ser que lo sufra mucho y puede que no. No soy de quedarme en el escenario esperando el aplauso. Si aplauden, me quedo; si no, me voy. Yo termino y desaparezco. De hecho, soy uno de los primeros en irse del teatro.

–Demasiado rápido…

–Sí. Prefiero disfrutarlo afuera, en otro ambiente. Con amigos y tranquilo. Necesito irme. Y ya la gente lo entiende: es como un código que ya tenemos. La sensación es que ya está: disfruté, hice lo que me gusta hacer, espero que ustedes lo hayan disfrutado, y me voy.

–En los afiches de París se nota que disfrutás de tu cuerpo, jugás con el erotismo. Te llevás muy bien con el desnudo.

–Sí, con todo lo que me cuido, más vale que lo haga (se ríe, hace chistes, mejora su talante a medida que se distiende). Pero es que la danza es erotismo: si no tenés erotismo para conquistar a tu partenaire, no sirve. Estás solo. Siempre tiene que haber un contacto.

–¿Los bailarines cuelgan las zapatillas de baile como los jugadores cuelgan los botines?

–La verdad, no sé qué hacen. Yo, nada. Estoy tratando de usarlas todo lo posible. La mayoría, las firmo, algunas las regalo y otras las vendo para la Fundación. Y la ropa de danza la estoy regalando. No quiero saber nada de danza. Y tampoco con las zapatillas. Pensá que son cosas que te aprietan los pies.

–Gabriela Sabattini me contó que en muchos partidos le sangraban los pies. ¿A los bailarines también les pasa lo mismo?

–Depende. A veces, la uña del dedo gordo del pie derecho me queda completamente negra. Con las caídas, se va machucando, se van rompiendo venitas debajo y se va formando un callo interno. Se producen heridas entre los dedos cuando girás, o a veces te raspás con la madera del parqué. El otro día acá me clavé una espina en la escalera.

–Tus dolores no se notan, tus sufrimientos se sospechan, pero no se ven.

–Si vos supieras todos los problemas que tengo, por ejemplo, en mis rodillas, ligamentos cortados, tercer y cuarto disco sin líquido. A veces, me levanto y me duele el solo hecho de caminar. Tengo las rodillas hinchadas. Y tengo un agujero en el cartílago de la derecha, que me pincha la rótula. Pero uno sale a la función y sucede algo mágico, inexplicable. No sé si es cierto lo de que la adrenalina funciona como anestésico o es que no te importa nada. Lo cierto es que no te duele nada. Eso sí, terminás…

–¿Cómo son las heridas psíquicas? ¿Qué hacés con ellas?

–Esas son más difíciles de disimular. Recuerdo una vez que estaba trabajando afuera y recibí una noticia que fue un golpe: la muerte de mi hermano, de una infección que se complicó en el hospital. Cuando se la descubrieron, ya era tarde. Tenía veintiocho años. Me dijeron que se sentía mal, pero que no era tan grave. Y no fue sólo su muerte, sino la bronca de no haber podido despedirme. Y recuerdo que durante la función me pesó. Terminé y vinieron a preguntarme si estaba bien. Y no lo estaba.

Ultimo tango en París

–París siempre es París. Acá tuve la suerte de bailar en la Opera con el American Ballet, he venido al teatro Champs Elysées, he bailado con Makarova. El público de Francia siempre me recibió bien. Además admiro la Compañía Francesa. Tiene una escuela

increíble. Recuerdo la primera vez que vine con Raquel Rossetti, hacia el 85 u 86, para una gala. En aquel momento, nos dejaron tirados en la calle esperando que nos trajeran dos cafés.

–¿Qué bailaste?

–Corsario, y un tango. Y así fue siempre que vine. También la crítica siempre me trató muy bien. Hay un cariño especial. Esta vez, hacía mucho tiempo que no venía a bailar –la última fue, justamente, con el American Ballet: hicimos, hace tres años, el Quijote completo–. Yo no podía despedirme sin venir a París. Era algo que tenía que hacer. Y tuvimos la suerte de conseguir el Teatro Casino, que tiene una atmósfera especial en virtud de su historia: allí cantaba Edith Piaf. Mi camarín parece un antiguo prostíbulo. Tiene bar, reposeras….

Bocca 2007

Nació el 6 de marzo de 1967. A los 4 años, empezó a bailar de la mano de su madre, y más tarde ingresó en el Colón. Bailó en las mejores compañías del mundo. Y creó el Ballet Argentino. Junto con esa compañía, Cecilia Figaredo y en ocasiones con Eleonora Cassano, el bailarín irá despidiéndose este año de los públicos de cada lugar en los que ya no volverá a actuar. Serán 180 funciones en América latina, Madrid, París, Moscú, Roma, Milán, Estados Unidos y, por supuesto, la Argentina. El gran final de fiesta será el 22 de diciembre, en Buenos Aires y al aire libre, con entrada gratuita.

GRACIAS JULIO POR TANTO…

PERDONA POR DARTE TAN POCO

GRACIAS Y UN JFUERTE ABRAZO DE TODA LA ARGENTINIDAD…

GRACIAS  FENÓMENO!!!

3 comentarios to “JULIO BOCCA REPORTAJE QUE SERÁ HISTÓRICO Y LA MEJOR FOTO!!”

  1. daniela said

    que hermosa entrevista…ojala que algun dia pueda conocerlo

  2. Jose said

    siempre admire y edmirare su trabajo….

  3. cher said

    ALUCINA!!!! me conmueve….

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