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Boca se aferró a la lógica y al sueño del tricampeonato

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 14, 2006

Palermo abrió y cerró la cuenta, Palacio hizo el otro gol. Boca planteó un partido ofensivo y así se vio sorprendido en un contragolpe que definió Rusculleda.

PIEDRA LIBRE PARA MARTIN. Muy solo, Palermo cabecea al gol. Fue el primero de Boca, tras un tiro libre de Guillermo Barros Schelotto.

 

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Como el juego del fútbol sólo entrega verdades relativas pareció lógico el triunfo (como local) de Boca, el puntero, sobre Quilmes, el último. Sin embargo, con un pantallazo de acciones en los tramos finales, podría inferirse que entre uno y otro no había —en la realidad del juego— los 29 puntos de distancia que marcaba la tabla. También parece lógico que Boca, con su victoria, afirmara su candidatura a lograr el título —al cabo, también se consagró en los dos torneos anteriores— y que Estudiantes quedara como rival directo después de ocho triunfos consecutivos. Porque la suma de verdades relativas termina por componer una verdad integral. Y si River quedó atrasado en la disputa de la cima tendrá que analizar sus verdades futboleras y comprobar que su defección final tiene razones propias antes que supuestos beneficios ajenos.

Quilmes enfrentó la prueba con dignidad. Y ese dato, una obligación obvia, toma gravitación ahora cuando la desconfianza ganó terreno tras el desempeño de Gimnasia ante Boca. El equipo conducido por Esteban Pogany se hizo cargo de sus limitaciones y aunque no se refugió en un esquema ultradefensivo, asumió el papel de convidado y no se atrevió a disputar el control de la pelota en el medio por mucho que Boca no manifestara allí una gran seguridad. Porque después de un buen arranque se diluía el desempeño de Marino en su empecinamiento. Y algo parecido ocurría con Neri Cardozo, extrañamente impreciso. Y hasta Gago pareció contagiado por un rato a la hora de la habilitación.

El esquema táctico elegido por La Volpe —y los nombres que lo compusieron— daba cuenta de las intenciones ofensivas del equipo. Ausente un enganche natural (Marino jugó como volante por derecha) decidió mantener la fórmula de tres delanteros, una rareza en medio de la mezquindad generalizada. Claro, el compromiso de los tres de arriba era turnarse en el retroceso para participar en el armado de las jugadas. Por una simple cuestión de superioridad virtual Boca manejó el juego en los primeros quince minutos. Pero sin llegadas profundas. Tanto que dos aproximaciones de los visitantes (Bustos Montoya remató desviado y Bobadilla controló el remate de Rusculleda) equilibraron las chances de marcar. Parecía que los locales sobraban el desarrollo. Pero se dio la lógica cuando un tiro libre de Guillermo, desde la izquierda, permitió el cabezazo solitario y de Palermo. Como en el tiempo viejo, pero con ayuda de la imprevisión defensiva rival.

Por inercia, el puntero tuvo algunas oportunidades más en ese primer tiempo. Hubo un penal de Pereira a Palacio que el árbitro Favale sancionó afuera del área, dos posiciones adelantadas señaladas erróneamente por el línea Juan Rebollo (de Cardozo y de Barros Schelotto) y una situación desperdiciada por Marino (Palacio lo dejó solo frente al arco y se demoró) que pudieron ampliar la diferencia en el marcador.

El tiempo del alivio para Boca pareció llegar a poco de iniciado el complemento. Un pelotazo del Cata Díaz de 70 metros permitió comprobar la astucia de Rodrigo Palacio. Le ganó la posición a Moreyra y aprovechó el error del arquero Grosso —la pelota le pasó por debajo del cuerpo— para seguir y concretar el segundo gol. Pero del alivio se pasó a la preocupación en dos minutos. El afán ofensivo le hizo pagar a Boca un alto precio. De un córner a favor salió el descuento. Estaba jugado en campo adversario (con dos goles de ventaja) y nació un contraataque letal de Torres y Rusculleda, que Gago no pudo cortar en media cancha. Al final definió Rusculleda. Entonces, Quilmes se animó. Y fue a buscar el empate. Entraron Franzoia y Ledesma para ganar mejor presencia en el medio. Ya no parecía el choque del líder con el último. Rusculleda gambeteaba en ataque, Torres también. Pero un infantil penal de Moreyra (lo tomó de la camiseta a Palermo) volvió a poner las cosas en orden. Palermo gritó el tercero. Ya había clima para el gran festejo. Pero Torres tuvo el segundo y el remate pegó en el travesaño. Así se redondeó una verdad relativa: en el balance Boca fue mejor que Quilmes. Y otra, cuando se animó, Quilmes no quedó tan lejos.

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