LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

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LO NUEVO DE CALAMARO

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 22, 2006

Un auténtico regreso


Tras varios títulos con reversiones, sale hoy “El Palacio de las Flores”, con temas de Calamaro y de Litto Nebbia.

Por fin, después de seis largos años, llega hoy un disco de Andrés Calamaro casi íntegramente de temas nuevos. Los temas no son todos de Calamaro porque, como se sabe, El Palacio de las Flores fue compuesto con Litto Nebbia, responsable de los arreglos, y productor. Es decir, este nuevo regreso del Salmón (que viene coqueteando con la argentinidad, trabajando musicalmente su vuelta, replanteándose el concepto de identidad, siendo homenajeado por otros músicos), representa al mismo tiempo la vuelta de Nebbia al ruedo de la canción. Con músicos de La luz (la banda de Nebbia), con el piano y la voz del socio fundador del rock nacional (el primer simple de Los gatos salvajes se considera el inicio de todo), sin embargo se presenta como un disco de Calamaro que lleva, sin duda, la voz cantante.

De los 17 temas del disco, seis son de Calamaro, cuatro son compuestos por los dos músicos, cinco de Nebbia (entre ellos un clásico de 1970, Rosemary, que canta Calamaro en una versión ralentada, y que incluye un solo de órgano de otro fundador: Ciro Fogliatta), y uno de Armando Manzanero (otro clásico al que Calamaro lima de estridencias agudas: Contigo aprendí, en una nueva incursión al bolero del Salmón. Ya lo había hecho con Algo contigo, de Chico Novarro, en El cantante, 2004). Esta vez no hay ningún tango, un género que Calamaro viene frecuentando, y al que le dedica su reciente Tinta roja. Algo para notar: Punto argentino, una propuesta de himno, tiene ecos flamencos.

Sí hay una alta dosis milonguera en el tema que da nombre al disco, una canción nostálgica, intensa en el rescate del pasado (y el viejo de mi amigo que vivía en Ciudad de La Paz, fue desaparecido y no lo volví a ver más), crítica (Ojalá que estén vivos y bien en el país de síganme), y que por momentos bordea la parodia, cuando se pone milonguera y termina con un chan chán.

La letra de El Palacio…, así como la de El tilín del corazón y otras cuentan largas historias sin estribillos, que emparentan por momentos el universo calamareño (¿o calamarense?), al de Joaquín Sabina.

Como para ahuyentar la nostalgia en esa canción que la convoca, Calamaro escribe y canta: todo el tiempo por pasado fue peor. La frase glosa el no todo tiempo por pasado fue mejor/mañana es mejor de Spinetta.

Hay otras citas o guiños en el disco a otros grandes, que incluyen la autorreferencia. En Mi bandera, por ejemplo, la estrofa: Tengo hermanos y una hermana,/además de todas las razas del mundo,/y la chica más hermosa que se llama Libertad…, remite a Atahualpa Yupanqui y a su propio tema La libertad, que es, al mismo tiempo, un homenaje a Pappo. Y el verso, no se trata nada más que de vivir tiene ecos de Solo se trata de vivir, de Nebbia (el gran invitado del disco). Pero, establecidas las paternidades, el autor se planta: Voy siguiendo el ejemplo del salmón/sólo creo en mi propia dirección…

Es interesante el juego que se establece en Cuando una voz sea de todos, de Nebbia, donde se suma Vicentico (que en su último disco, Los pájaros, canta con Calamaro un tema, Felicidad). Allí Calamaro/Nebbia/Vicentico cantan: pero qué difícil es/encontrar una canción/que diga lo que otros sienten. Una dificultad salvada por músicos que en sus canciones dicen precisamente eso, lo que otros sienten.

Y al sentimiento apela Calamaro en su El tilín del corazón, con alguna reminiscencia a Leonardo Favio en ese título. Otra vez, el borde de la parodia. Allí también el músico le habla a los críticos (¿abre el paraguas?): No se dice es mala una canción,/qué temeridad/acusar de maldad a una canción/buena oportunidad de callar.

Musicalmente hay en las canciones mucho de Nebbia, sobre todo en algunos arreglos jazzeados, en su piano, en algún que otro padavadava, en sonidos “aprovechables” de los ’70. Y hay un claro sello calamarense (ese país musical, tal vez, su identidad, la que se expresa bien en Corazón en venta: Se dice de mí que nunca vuelvo/y siempre me estoy yendo a ningún lugar) en algunas canciones que hacen acordar a otras en sus armonías y melodías (ver semejanzas entre El tilín… y El salmón). La unión entre las “dos potencias” funciona bien, a juzgar por los resultados.

Y como para terminar con las genealogías, la portada del disco es una foto de Robert Freeman (fotógrafo de algunas tapas de Los Beatles, como Help! y Rubber Soul), una composición de flores que remeda una naturaleza muerta sobre fondo negro.

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